Los accidentes no existen

Los accidentes no existen. Nadie muere, por ningún concepto, sin que esté preparado para morir. Esto se aplica tanto a la muerte en una catástrofe natural como en cualquier otra circunstancia.

Vosotros mismos elegís la forma en que moriréis, así como también el momento. Tratamos aquí con vuestras creencias tal como las conocéis en esta vida, y dejaremos para más adelante cualquier transmisión de creencias que pueda tener lugar de otras existencias. Pero, sean cuales sean las creencias que aceptéis, por las razones que sean, vuestro punto de poder “está” en el presente.

Es mucho más importante que entendáis esto y no que os preocupéis demasiado con las intrincadas «razones del pasado», porque un enfoque negativo puede haceros olvidar que estas creencias pueden cambiarse en el presente. Por diversas razones, albergáis creencias que podéis alterar en cualquier momento. Muchas personas mueren jóvenes, por ejemplo, porque creen firmemente que la vejez representa una degradación del espíritu y un insulto al cuerpo. No “quieren” yivjr en las condiciones en que creen que estarán durante la vejez. Algunos prefieren morir en lo que otros considerarían las circunstancias más angustiosas, arrastrados por las olas de un océano, o aplastados en un terremoto, o abatidos por los vientos de un huracán.

La muerte lenta en un hospital, o una experiencia con una enfermedad, sería algo impensable para tales personas. Parte de ello tiene que ver con el temperamento individual, y con diferencias y preferencias normales entre las personas. Hay mucha más gente consciente de su muerte inminente de lo que en general se cree. Lo saben, y fingen no saberlo, pero los que mueren en catástrofes naturales eligen la experiencia, el drama, incluso el terror. Prefieren abandonar la vida física en un arrebato de percepción, luchando por su vida, como un desafío, debatiéndose y no aceptándolo

Los desastres naturales poseen la gran energía evocadora de los poderes desatados, de la naturaleza que elude la disciplina del hombre, y por sus mismas características también le recuerdan a éste su propia psique; a su manera estos sucesos siempre implican el nacimiento de cierta creatividad que surge de las entrañas de la tierra y reforma su faz y la vida de los hombres.

Las reacciones individuales obedecen a este conocimiento innato; pues, a pesar de que el hombre teme el poder desatado de la naturaleza y trata de protegerse de él, al mismo tiempo se “deleita” en ella y se identifica con ella. Cuanto más «civilizado» se vuelve el hombre, más lo separan sus estructuras y prácticas sociales de su relación íntima con la naturaleza, y más catástrofes naturales habrá, porque en el fondo siente una gran necesidad de identificarse con la naturaleza; él mismo “la hará aparecer” en forma de terremotos, tornados e inundaciones, de modo que pueda sentir una vez más no sólo la energía de la naturaleza, sino la suya propia.

Como ningún otro suceso lo hace, un gran encuentro con toda la energía de los elementos de la naturaleza sitúa al hombre frente a frente con la increíble fuerza de la cual él emana.

A muchas personas una catástrofe natural les brinda su primera experiencia personal de la realidad de su relación como criaturas con el planeta. En estas condiciones, hombres que no se sienten parte de algo, de ninguna estructura, familia o país, pueden comprender de repente su camaradería con la tierra, su lugar en ella y su energía; el súbito reconocimiento de esa relación les hace sentir su propio poder para la acción.

En un ámbito muy distinto, a menudo los motines sirven al mismo propósito, y la liberación de energía, por las razones “que sean”, lleva a un grupo de personas al reconocimiento íntimo de que hay una vitalidad enormemente concentrada, algo que tal vez no habían conocido antes.

Este reconocimiento puede conducirlos -como ocurre a menudo- a aprehender su propia energía y a utilizarla de una manera muy creativa. Una catástrofe natural o un motín son baños de energía, potentes y sumamente positivos a su manera, “a pesar” de sus evidentes connotaciones. A “vuestro” entender, esto no absuelve en absoluto a quienes incitan revueltas, por ejemplo, ya que actúan dentro de un sistema de creencias conscientes en el que la violencia genera más violencia. Pero incluso en este caso tienen cabida las diferencias personales. Los incitadores de revueltas suelen buscar la manifestación de una energía que creen no poseer. Encienden fuegos psicológicos, y quedan tan desconcertados por los resultados como cualquier piró-mano. Si entendieran el poder y la energía que poseen y pudieran experimentarlos, no necesitarían esas tácticas.

Así como los problemas raciales pueden solucionarse de muchas maneras, mediante una revuelta o un desastre natural, o mediante una combinación de ambos, según la intensidad de la situación a nivel psicológico; y así como los síntomas físicos pueden ser peticiones de ayuda y reconocimiento, también las desgracias naturales pueden ser utilizadas por una parte de los habitantes de un país, o del mundo, para obtener ayuda de otras partes.

Evidentemente, hay muchas revueltas que se instigan conscientemente. Pero, sin duda, no ocurre que miles o millones de personas decidan conscientemente provocar un huracán, una inundación o un terremoto. En primer lugar, no creen conscientemente que semejante cosa sea posible. Aunque las creencias conscientes desempeñan un papel importante en estos casos, individualmente el «trabajo interno» se realiza de un modo tan inconsciente como los síntomas físicos que produce el cuerpo. Así como los síntomas parecen haber sido impuestos al cuerpo, “parece” que un desastre natural se impone al cuerpo de la Tierra. Las enfermedades repentinas se consideran aterradoras e impredecibles, y se supone que el paciente ha sido tal vez víctima de un virus. Los tornados o terremotos repentinos se observan bajo la misma luz, y se consideran el resultado de las corrientes de aire y la temperatura o de las fallas, en vez de virus. Las causas básicas de ambos casos, no obstante, son las mismas.

Así pues, hay tantas razones para las «enfermedades de la tierra» como enfermedades corporales. Hasta cierto punto lo mismo puede decirse de las guerras, si es que se considera la guerra como una pequeña infección; en el caso de una guerra mundial es una enfermedad colectiva. La guerra finalmente os enseña a honrar la vida. Las catástrofes naturales os recuerdan que no podéis hacer caso omiso de vuestro planeta o de vuestra condición de criaturas. Al mismo tiempo, estas experiencias proporcionan un contacto con las energías más profundas del ser, aun cuando se usen «destructivamente».

Ahora bien, los desastres naturales se producen más a un nivel emocional que en el de las creencias, a pesar de que estas últimas desempeñan un papel importante ya que generan las emociones.

El tono emocional general o nivel de sentimiento colectivo, a través de sus conexiones corporales con el entorno, provoca las condiciones exteriores físicas que inician semejante embestida de energía natural. Según las condiciones emocionales generales, los excesos se van acumulando físicamente, y luego se arrojan a la atmósfera con otra forma. Aquí intervienen las sustancias químicas fantasmas mencionadas anteriormente, así como las propiedades electromagnéticas de las emociones. Una roca en un río dividirá el agua, que deberá fluir alrededor del obstáculo.

Vuestras emociones son tan reales como las rocas. Vuestros sentimientos colectivos afectan el flujo de la energía, y su fuerza puede apreciarse claramente en una tormenta, que es la materialización local “exteriorizada” del estado emocional interno de las personas que experimentan la tormenta.

Así como las creencias conscientes determinan vuestra condición corporal, y así como el mantenimiento del cuerpo se realiza a un nivel inconsciente (aunque en consonancia con las creencias), también las catástrofes naturales son el resultado de las creencias, que originan estados emocionales que luego automáticamente se transforman en condiciones atmosféricas exteriores.

Así pues, según vuestras creencias, afrontaréis el problema físico presentado de esta forma. Reaccionaréis individualmente con vuestros propósitos en mente. Vuestras creencias, únicas y eminentemente privadas, contribuyen a provocar el estado emocional general. La reserva de energía emocional hacia la que fluyen vuestras emociones, no obstante, está compuesta de cargas emocionales “desiguales”; pero, en términos generales, la contribución individual de todos los que participan en ella desembocará en una estructura coherente que dará impulso y dirección a la tormenta, y le brindará su carga energética y su poder.

Tal como mencioné anteriormente en este libro, Ruburt y Joseph se vieron implicados en una inundación, así que utilizaré ese ejemplo y esta región en particular, a pesar de que la inundación en sí fue más extensa.

Localmente se compartían ciertas creencias: la región de Elmira sufría una depresión económica y se consideraba un barrio satélite del estado de Nueva York, aunque la situación no era lo suficientemente mala para recibir ayudas. La industria se había trasladado a otras zonas. Se despedía a la gente, desaparecían los viejos modos de ganarse la vida. No había un liderazgo local que inspirase confianza, y muchas personas se sentían mal e incómodas, deprimidas y sin salida alguna.

Algunos proyectos de renovación urbana acabaron con las casas de los pobres, y se destruyeron vecindarios muy antiguos. Esto acarreó una división social, ya que el grupo de los más pobres lo constituían negros y blancos de «clase baja». Los más acomodados formaban parte del Ayuntamiento, y los pobres desplazados no podían pagarse un hogar en los nuevos edificios. Mediante varias manipulaciones, todas bajo mano, se los apartó de los «mejores» barrios.

Los ricos y la gente pudiente se sentían amenazados, ya que su búsqueda de modernidad y progreso había alterado el statu quo, y ello había desatado la energía de los más necesitados. Se produjo un movimiento de las clases medias de la ciudad hacia los barrios periféricos, lo que supuso un cambio en el equilibrio impositivo, y un desbarajuste del comercio de la ciudad. La localidad no tenía un sentido de unidad como región, ni un sentimiento de orgullo como identidad cultural o natural.

Había también cierta tensión racial, indicios de revueltas inminentes que no llegaban a ocurrir. Un alcalde muy competente que había ocupado ese cargo durante algún tiempo salió derrotado en las elecciones. La política hizo su aparición, por varias razones que ahora no vienen al caso. Los vecinos con inclinaciones políticas sentían que no tenían ningún control de la situación, de modo que no cabía esperar una comunicación “eficaz” con el gobierno federal. En este sentido, se desarrolló una fuerte sensación de impotencia.

Culturalmente, la región no tenía una identidad propia, a pesar de que siempre ha luchado por hallar algún tipo de expresión característica, y la gente veía que los fondos gubernamentales se destinaban a otros sectores económicamente más deprimidos. Los vecinos albergaban sueños y esperanzas a nivel individual, y, colectivamente, éstos representaban una visión regional de mejora en diversas áreas. Al mismo tiempo, creció el sentimiento de desaliento. Jóvenes y viejos, tradicionalistas y rebeldes, se vieron envueltos en pequeñas escaramuzas, cuando algunos padres de la ciudad criticaron a los jóvenes de pelo largo en el parque; incidentes triviales, pero indicativos de una división de valores y una falta de comprensión entre generaciones.

Hasta cierto punto, estos mismos problemas existían en todas los barrios de la Costa Este que se vieron envueltos en esta misma inundación.

En vez de una inundación, podría haber habido una desastrosa revuelta social. Pero, debido al tono sentimental característico y único de la situación, las tensiones emocionales se descargaron en la atmósfera, donde se transformaron automáticamente. Una catástrofe natural podía proporcionar muchas respuestas. El río [Chemung] estaba muy céntrico, justo en el corazón de la parte comercial [de Elmira], por ejemplo.

Así como ciertos pueblos primitivos bailan la danza de la lluvia y la provocan conscientemente, dirigiendo deliberadamente las energías inconscientes, los habitantes de estas localidades hicieron lo mismo “automáticamente”, sin ser conscientes de los procesos implicados.

Así pues, generaron las nubes mediante un impulso inconsciente, liberando espontáneamente su estado emocional biológico, de modo que el exceso de reacciones químicas y hormonales afectó directamente a la atmósfera.

Poco tiempo antes, ciertas organizaciones religiosas locales habían hecho planes para organizar un gran encuentro religioso. Se aseguró la presencia de varios seguidores de un popular grupo religioso, y se dio bastante propaganda al evento. Tampoco esto fue accidental. Fue un intento por parte de ciertas sectas fundamentalistas para solucionar los problemas de otro modo, mediante la identificación religiosa, la conversión y el fervor.

Pero las creencias sobre las que se basaban estos planes no guardaban ninguna correlación con las creencias de la gran mayoría de la población, y por tanto el intento fracasó. El programa “estaba” basado en un conocimiento precognitivo de la inundación. La campaña religiosa no llegó a realizarse porque la organización evangelista se dejó atemorizar por la inundación.

Muchas personas de la comunidad religiosa alegaron que la inundación fue la voluntad de Dios, o que las personas habían sido castigadas por sus transgresiones. A su manera la inundación fue un evento religioso, ya que unió con la comunidad a diversos grupos de personas que no siempre eran muy humanitarios. Curiosamente, también sirvió para aislar a ciertos grupos de personas, y para sacar a la luz sus dificultades de una forma como no lo habría podido ninguna revuelta.

También humilló a algunos, al privarlos de las comodidades de su posición social y sus pertenencias, al menos momentáneamente, lo que los puso cara a cara con otras personas de diversos orígenes con quienes nunca se habrían relacionado.

Las crisis como éstas ponen de relieve diversas perspectivas de la realidad, ya que sale súbitamente a la luz lo que antes yacía oculto. En muchos casos, los pobres se salvaron, ya que la mayoría de los edificios viejos y bloques de apartamentos resistieron, mientras que los nuevos chalés no pudieron aguantar la embestida del agua. Muchos de los desposeídos necesitados acudieron a refugiarse al edificio universitario de Elmira. Mujeres que hasta entonces no tenían más propósito en la vida que jugar al bridge acabaron luchando por su supervivencia junto a sus hermanas más miserables. Muchos de los pobres que perdieron su alojamiento descubrieron en sí mismos sorprendentes dotes de liderazgo.

La zona del centro de la ciudad vio materializarse físicamente sus dificultades internas, que, aunque conocidas, siempre habían permanecido ocultas. La inundación la dejó en un estado semirruinoso y necesitada de ayuda urgente. El gobierno local se vio enfrentado de repente a una realidad que tenía poco que ver con sus habituales actividades legislativas. La crisis unió a las personas. La sensación de impotencia salió a la superficie para que todos la pudieran contemplar, y así proceder a la acción.

Hubo personas mayores, cargadas con creencias negativas sobre la vejez, que descubrieron una gran vitalidad y propósito bajo el estímulo de la supervivencia. Hubo personas cegadas por una creencia en la suprema importancia de las “cosas” que vieron cómo no les quedaba nada. Se dieron cuenta de la importancia relativa de las pertenencias, y sintieron dentro de su interior la emoción de una libertad que no habían experimentado desde la juventud.

La «enfermedad» oculta de la zona se hizo evidente para todos. La gente llegó de todas partes para ayudar. Por una vez, la solidaridad pasó por alto la estructura social. Los patrones de existencia establecidos se habían borrado en un día. En una u otra medida, cada persona involucrada en el suceso vio claramente su relación personal con la naturaleza de su vida hasta el momento, y percibió su afinidad con la comunidad. Además, todos sintieron la energía “perdurable” de la naturaleza y, pese a su “aparente” falta de previsión, la inundación les recordó la gran estabilidad permanente en que se basa la vida normal.

La fuerza del agua puso a cada individuo en contacto con un reconocimiento íntimo de su dependencia de la naturaleza, y le hizo cuestionar valores que durante mucho tiempo había dado por supuestos. Tales crisis fuerzan automáticamente a las personas a examinar sus valores, a efectuar elecciones inmediatas que les procuran ciertos reconocimientos a los que antes habían estado ciegos.

La inundación, por tanto, materializó físicamente los problemas internos de la región, y a la vez liberó energías que habían estado atrapadas en la desesperanza.

La zona se convirtió en un punto focal de atención psíquica y física, lo que “atrajo” otra energía. Cada persona involucrada en el suceso tuvo sus propias razones para participar en él, y gracias a esa situación creada colectivamente pudo solucionar problemas particulares.

Muchas creencias antiguas se esfumaron automáticamente ante la realidad del momento. Incontables personas dieron salida a su capacidad de acción y de iniciativa, enterrada desde hacía mucho tiempo. Se asignaron fondos federales inmediatamente a esta región, que se convirtió en un foco de atención. Muchas personas solas se vieron forzadas -o más bien se forzaron ellas mismas- a pasar por una situación en la que se hizo imperativo que se relacionaran con los demás. Como éste no es el tema principal de este libro, no puedo adentrarme más en él.

No obstante, hablaremos de la experiencia de Ruburt y Joseph con la inundación, ya que su participación puede arrojar luz a la experiencia de muchas otras personas.

Extracto de Habla Seth III
A través de Jane Roberts

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Elegir. Los sucesos que se materializarán físicamente

Lo que debéis entender es esto: cada uno de los sucesos en cada una de vuestras vidas fue «alguna vez» “probable”. A partir de un campo de acción determinado, elegís los sucesos que se materializarán físicamente.

Esto ocurre a nivel individual y colectivo. Imaginad que hoy entran a robar en vuestra casa. Ayer, el robo era uno de muchos sucesos probables. Elijo este ejemplo porque entra en escena más de una persona: la víctima y el ladrón. ¿Por qué vuestra casa fue saqueada, y no la del vecino? De un modo u otro, atrajisteis ese suceso con vuestro pensamiento consciente, y lo llevasteis de la probabilidad a la realidad. El suceso es una acumulación de energía convertida en acción y materializada como resultado de las creencias.

Tal vez estéis convencidos de que la naturaleza humana es malvada, o que nadie está exento de la agresión de los demás, o que las personas están motivadas principalmente por la codicia. Estas creencias atraen su propia realidad. Si tenéis cosas de valor que perder, automáticamente os convencéis de que alguien os lo arrebatará, o que hará lo posible para arrebatártelo. A vuestra manera, enviáis mensajes a una persona así. Básicamente vuestras convicciones son bastante parecidas, pero uno se considera a sí mismo la víctima y el otro el agresor; es decir, cada uno de vosotros reacciona de modo distinto al mismo conjunto de creencias, pero ambos sois necesarios para que se cometa un delito de ésta índole.

Las creencias de ambos hallarán justificación en la vida física, y no harán más que reforzarse. El temor a los robos atrae a los ladrones. Pero, si creéis que los hombres son malvados, no tenderéis a verlo como una creencia, sino que lo consideraréis como una condición de la realidad.

Toda vuestra experiencia presente partió de una realidad probable. A lo largo de la vida, cualquier suceso debe pasar por vuestra esencia como criaturas vivas, con el innato reconocimiento del tiempo, que es una parte importante de vuestra estructura neurológica; normalmente se produce un retraso, un lapso en el tiempo, durante el cual las creencias producen la realización material. Cuando tratáis de cambiar vuestras convicciones con el fin de cambiar vuestra experiencia, tenéis que detener primero el impulso acumulado, por decirlo de alguna manera. Estáis cambiando los mensajes, mientras que el cuerpo está acostumbrado a reaccionar dócilmente a una serie establecida de creencias.

La actividad consciente provoca los sucesos mediante la estructura neurológica, en un flujo continuo y regular, y se establece una pauta habitual de reacciones. Cuando alteráis estas creencias conscientes con esfuerzo, se requiere un período de tiempo hasta que esa estructura aprende a adaptarse a la nueva situación preferida. Si las creencias se cambian durante la noche, en proporción se precisa menos tiempo. En cierto modo, cada creencia puede verse como una potente emisora, que atrae distintos campos de probabilidades y selecciona aquellas señales con las que está sintonizada, a la vez que rechaza las demás. Cuando colocáis una nueva emisora, durante cierto tiempo puede haber algunas interferencias o filtraciones de otra anterior.

Así pues, cualquier facultad que tengáis puede «captarse más claramente», amplificarse y materializarse en la práctica en vez de seguir siendo probable. Pero en este caso debéis concentraros en la facultad y no en el hecho de que no la hayáis utilizado bien hasta el momento. Un pintor produce una serie de obras a lo largo de su vida. Cada cuadro no es más que una materialización concreta de una variedad infinita de cuadros “probables”.

Pero el trabajo real de seleccionar la información se hace según las creencias de la mente consciente del artista acerca de quién es él, cuan bueno es como pintor, qué “clase” pintor es, a qué «escuela» de creencias artísticas se acoge, sus ideas sobre la sociedad y su lugar en ella, y los valores estéticos y económicos, por nombrar unas pocas.

Algo muy parecido ocurre en la concreción de cualquier suceso en el que estéis implicados. Por tanto, creáis vuestra vida. Las imágenes internas son de gran importancia para el artista, quien trata de proyectarlas en el lienzo. Repito que cada uno de vosotros es su propio artista, y vuestras visualizaciones internas constituyen modelos de otras situaciones y sucesos. El artista recurre a lo que ha aprendido y mezcla sus colores con el fin de dar a su pintura una materia artística. Las imágenes de la mente atraen toda la energía emocional y el poder necesarios para “darles” cuerpo como sucesos físicos.

Podéis cambiar el cuadro de vuestra vida en cualquier momento; basta con que comprendáis que no es más que el retrato de vosotros mismos que habéis creado a partir de una cantidad ilimitada de retratos probables. El aspecto peculiar de vuestros retratos probables es característico vuestro, y de nadie más.

Las facultades y condiciones diversas que queráis ver realizadas ya están latentes y a vuestra disposición. Suponed que no tenéis salud y la deseáis. Si comprendéis la naturaleza de las probabilidades, no necesitaréis “fingir” que hacéis caso omiso de vuestra situación actual. En lugar de ello la reconoceréis como una realidad probable que habéis materializado físicamente. Con esta convicción, empezaréis el proceso necesario para llevar una probabilidad distinta a la experiencia física.

Para ello os concentraréis en lo que queréis, pero sin sentir ningún conflicto entre eso y lo que sois, porque una cosa no contradecirla a la otra; cada una se verá como un reflejo de una creencia en la vida diaria. Así como llevó algún tiempo dar forma a vuestra imagen actual con sus aspectos enfermos, también llevará tiempo cambiarla. Pero “concentrarse” en la situación actual de enfermedad sólo la prolongará.

Cada condición es tan real o irreal como la otra. ¿Qué yo? ¿Qué mundo? Vuestras probabilidades se encuadran dentro de ciertos marcos de referencia que habéis elegido como parte de vuestra condición de criaturas. El pasado y el subconsciente, tal como los concebís, tienen poco que ver con vuestra experiencia presente aparte de vuestras creencias sobre ellos. Vuestro pasado contiene momentos de alegría, fuerza, creatividad y esplendor, así como también episodios de infelicidad, desesperación, confusión y crueldad. Vuestras convicciones actuales actúan como un imán y activan todas esas cuestiones pasadas, felices o tristes. Elegís de vuestra experiencia previa “todos” los sucesos que refuerzan vuestras creencias conscientes, y desecháis los que no lo hacen, los cuales incluso pueden parecer inexistentes.

Tal como mencionamos, los recuerdos que surgen ponen en funcionamiento los mecanismos del cuerpo y unen el pasado y el presente en una especie de cuadro armonioso. Esto significa que las piezas encajarán tanto si son alegres como si no.

Esta unión del pasado y el presente os predispone a sucesos futuros similares, ya que os habéis preparado para ello. Así pues, el cambio altera el pasado y el futuro. Debido a vuestra organización neuro-lógica, el presente es evidentemente el único punto a partir del cual podéis cambiar el pasado y el futuro, y hacer efectiva la acción.

No estoy hablando simbólicamente. Vuestras reacciones presentes modifican vuestro pasado y vuestro futuro en los niveles más íntimos. Se producen alteraciones en el cuerpo. Varían algunos circuitos dentro del sistema nervioso, y energías que escapan a vuestra comprensión buscan nuevas conexiones a niveles mucho más profundos y lejos de la conciencia.

Vuestras creencias actuales rigen la ocurrencia de los sucesos. Cada persona da forma a la creatividad y la experiencia a cada momento.

Debéis comprender que vuestro presente es el punto en el que la carne y la materia se unen con el espíritu. Por tanto, el presente es vuestro punto de poder en vuestra vida actual, tal como la entendéis. Si le atribuís más fuerza al pasado, os sentiréis capaces y os privaréis de vuestra propia energía.

Como ejercicio, sentaos con los ojos abiertos, observad a vuestro alrededor, y pensad que este momento representa el punto extremo de vuestro poder, por cuyo intermedio podéis afectar tanto a los sucesos pasados como a los futuros.

El presente que veis, con su experiencia física íntima, es el resultado de la acción en “otros” presentes parecidos. No os dejéis intimidar por el pasado o el futuro. No tenéis por qué proyectar en el futuro los aspectos desagradables de vuestra realidad actual; esto “sólo” ocurrirá si empleáis el poder del presente para hacerlo.

Si aprendéis a adquirir ese sentimiento de poder ahora, podéis utilizarlo con eficacia para alterar vuestra situación vital de la forma que elijáis (como ya dijimos dentro de las limitaciones establecidas por vuestra condición de criaturas). Si habéis nacido sin un miembro del cuerpo, por ejemplo, vuestro poder en el presente no puede regenerarlo automáticamente en “esta” vida, a pesar de que en otros sistemas de realidad poseéis ese miembro.

Las condiciones externas siempre pueden cambiarse si comprendéis los principios a los que me refiero. Pueden eliminarse las enfermedades, incluso las que parecen terminales, pero sólo si se eliminan las creencias que las sustentan o se alteran lo suficiente para que su efecto específico sobre el cuerpo desaparezca. Desde un punto de vista práctico, lo que llamáis presente es el punto en el que seleccionáis vuestra experiencia física de entre todos los sucesos que “podrían” materializarse. Vuestras circunstancias físicas cambian automáticamente cuando lo hacen vuestras creencias. Cuando aumenta vuestro conocimiento, vuestra experiencia se vuelve más completa. Esto no significa “necesariamente” que haya una uniformidad o que no se produzcan altibajos. Cada aspiración presupone la admisión de una carencia, cada desafío presupone un obstáculo por superar. Los más aventureros suelen elegir desafíos mayores, por lo que, en su mente, el contraste entre lo que quieren alcanzar y su situación actual puede parecer insuperable.

En todo caso, el “punto de poder” es el presente, y desde éste elegís qué yo, y qué mundo. La experiencia de un país es el resultado acumulado de las elecciones de todos sus individuos, de modo que, al elegir vuestras propias circunstancias, afectáis también a las otras personas de vuestro país y del mundo.

En muchas culturas «indígenas» a una persona no se la considera en absoluto en función de su edad, y el número de sus años carece de importancia. De hecho, un hombre puede no saber su edad, tal como vosotros la comprendéis. Os haría bien a todos vosotros -jóvenes, maduros y ancianos- olvidar la cantidad de años que tenéis, porque muchas creencias de vuestra cultura os limitan según vuestra edad. A la juventud se le niega su sabiduría, y a la vejez se la despoja de su felicidad.

“Fingir” que no os importa vuestra edad, haceros pasar por jóvenes porque teméis la vejez, no es la solución. Recordad que vuestro punto de realidad y poder se encuentra en vuestra experiencia actual. Sin comprendéis esto, a cualquier edad podéis recurrir a cualidades y conocimientos que «existieron» en vuestro pasado o que «existirán» en vuestro futuro, dado que vuestras edades son probables [y simultáneas].

A pesar de que, básicamente, el tiempo no existe tal como lo «conocéis», neurológicamente estáis forzados a percibir vuestra vida como una serie de momentos que se suceden constantemente.

Como criaturas, nacéis jóvenes y os hacéis viejos. Pero los animales, como criaturas, no están tan limitados en su experiencia en ese sentido. No tienen creencias sobre la vejez que inhiban automáticamente sus facultades; aunque mueren físicamente como todas las criaturas deben hacerlo en este aspecto, no se deterioran de la misma manera.

No comprendéis la comunicación que hay entre vosotros y los animales de compañía, por ejemplo, cómo a su “manera” éstos reaccionan a vuestras creencias.* Reflejan vuestras ideas, y por tanto se vuelven vulnerables como no lo serían en su entorno natural. En términos generales, su relación con vosotros es natural, pero su innata comprensión de que el punto de poder de la criatura es el presente se ve, en cierta medida, afectada por su receptividad y su asimilación de vuestras creencias. A un gato joven se lo trata diferente que a uno mayor, y el animal responde a ese condicionamiento. De la misma manera, vuestras propias conclusiones sobre la edad se materializan en vuestra experiencia. En consecuencia, si os convencéis de que sois diez años más jóvenes, o diez años mayores, esto se reflejará fielmente en vuestro entorno personal.

“Si tenéis veinte años, podéis hacer uso de la sabiduría que imagináis que tendréis a los treinta”.

Si tenéis sesenta años, podéis utilizar la fortaleza física que creéis que ya no tenéis, pero que antes teníais. Todo esto también se expresaría física y biológicamente en el cuerpo.

¿Qué yo? ¿Qué mundo? Si estáis solo es porque creéis en vuestra soledad en este momento actual que reconocéis como tiempo. De lo que parece ser el pasado atraéis sólo los recuerdos que refuerzan vuestro estado, y los proyectáis hacia el futuro. Físicamente, estáis abrumando al cuerpo, que responde a dicho estado de soledad con reacciones químicas y hormonales. También os priváis de vuestro punto de acción en el presente.

Las vitaminas, una mejor alimentación o la atención médica pueden rejuvenecer temporalmente el cuerpo; pero, a menos que cambiéis vuestras creencias, se verá rápidamente abrumado de nuevo por vuestros sentimientos de depresión. En este caso debéis daros cuenta de que sois vosotros quienes creáis vuestra soledad, y decidir cambiarla mediante el pensamiento y la acción. La acción es pensamiento en movimiento físico, que se percibe exteriormente.

* Véase la sesión 639 del capítulo 10, donde se habla de la vida y la muerte de nuestro gato, Rooney. Seth también mencionó el tema de las probabilidades en relación con Rooney.

SESIÓN 656
Extracto de Habla Seth III
A través de Jane Roberts