Creación y Evolución

«Dios, el Padre, es el pensamiento compulsivo y contemplativo llamado vida, una continuidad que nunca puede detenerse, así como tampoco vuestros pensamientos pueden hacerlo. Para que el pensamiento, o la vida, sea una expansión siempre continua hasta el infinito, debe tener una razón para continuar. La razón sois vosotros. Cada uno de vosotros se convirtió en una parte de la mente de Dios, para que a través de vosotros, la vida pudiera continuar extendiéndose hasta el infinito, el cual, de hecho, no tiene medida en el tiempo, porque el infinito existe en este momento, es la continuidad y eternidad del ahora.”

Ramtha

¿Quién puso las luces en los cielos? ¿Quién diseñó el encanto de las flores y la magnificencia de los árboles? ¿Y quién creó el enigma y la maravilla llamada hombre? No fue Dios, la totalidad de la vida. Fuisteis vosotros, los dioses, los maravillosos hijos de un Padre amante de todo, quienes crearon todo lo que existe. Todo. El Padre es la sustancia, la masa de pensamiento de la cual vienen todas las cosas. Pero vosotros, que poseéis la capacidad de pensar y la capacidad de sentir, y la divina esencia del libre albedrío, sois los supremos creadores en la vida.

Dios es, en verdad, la totalidad del pensamiento, la fuente de todo lo que existe. Pero sois vosotros quienes habéis tomado del pensamiento que el Padre es, y habéis creado todo el esplendor y el encanto de la forma creada. A través de vuestro poder creativo y vuestra soberanía de dioses, tenéis la capacidad de aceptar, mantener, y contemplar el pensamiento; y a través de esa inteligencia habéis formado cada cosa que existe.

Imagina por un momento alguna fantasía, una fantasía que sea excitante, emocionante, volátil para tu ser. Ahora siente toda la emoción de esa fantasía. Es así como vuestro universo fue creado, así fue creado el hombre, y así es como se crea cada cosa.

Mis amados maestros, vosotros sois, en verdad, los creadores de toda la vida. Vosotros sois quienes fabricaron las espectaculares estrellas que veis en vuestros cielos. Vosotros sois quienes crearon las realidades de color, diseño, textura y olor. Vosotros sois, en verdad, las magníficas criaturas de un Padre magnífico que es verdaderamente todo lo que existe. No sois los bastardos del universo, sois sus creadores. Sois la suprema inteligencia de Dios expresándose en vuestra propia creación llamada hombre; y toda la vida está ahí, esperando vuestra presencia, vuestro pensamiento, vuestro sentimiento.

Vosotros, mis amados hermanos, sois criaturas eminentes de proporciones divinas, que guardan latente dentro de sus seres la inteligencia y el poder de crear todas las cosas… y ni siquiera lo sabéis. Sois más que criaturas de carne; sois entidades extraordinarias expresándose a través de la forma, para así continuar con las capacidades creativas que existen dentro de vosotros.

Sin vuestros procesos creativos de pensamiento, vuestra soberbia inteligencia, y la profunda emoción dentro de vuestras almas —sin todo lo invisible que existe en vosotros— no seríais nada. Y sin vuestras capacidades creativas la vida tampoco sería nada, porque el pensamiento no podría propagarse para convertirse en los valores de vida o en la eternidad que aún tiene que ser vivida.

Sin vuestros valores creativos, nada sería reconocido por lo que es. ¿Cual sería el sentido de la vida y la belleza de una flor si no hubiera nadie que apreciara su encanto? No tendría significado sin vosotros.

Sin vosotros, este lugar vuestro sería sólo un planeta sin forma revolcándose en los espermas de la creatividad. Sin vosotros, nunca habrían existido las estaciones ni brotado las flores. Y el sol nunca hubiera salido, ni soplado los vientos; pues vosotros creasteis este reino de acuerdo con vuestros propios designios y propósitos, y todas las cosas nacieron gustosamente para glorificar al Dios que yace dentro de todos vosotros.

¿Quién diseñó este magnífico lugar para que habitarais, sino vosotros?

¿No sois acaso las criaturas de suprema inteligencia? Realmente lo sois. Vosotros no evolucionasteis hasta ese punto, siempre lo habéis sido.

Ahora, yo estoy aquí para enseñaros a convertiros en seres ilimitados, pero primero os voy a enseñar lo preciosos que sois y lo mucho que valéis. Para saber que sois seres divinos, para entender la suprema inteligencia y el impresionante poder que poseéis, es importante que entendáis cuál es vuestra herencia. Es importante que entendáis cómo os convertisteis al principio, en chispas de luz de increíble poder, y cómo habéis evolucionado hasta convertiros en el enigma llamado hombre. Así pues, empezaré a explicar.

En vuestro Libro de los Libros dice: «En el principio fue el Verbo y todo estaba en el Verbo». ¡De lo más inexacto! La palabra no era nada sin el pensamiento, pues el pensamiento es la base y el creador de todo lo que es.

En el principio, —en lo que tú llamarías el principio— sólo existía la infinitud del pensamiento; ahora, a la infinitud del pensamiento yo la llamaré Dios, el Padre. Lo que tú llamas Dios es, en un entendimiento más ilimitado, el pensamiento, la causa principal y el fundamento de toda la vida. Todo lo que es, siempre ha sido y siempre será, se deriva del pensamiento, la inteligencia que es la mente de Dios.

Por lo tanto, en el principio existía el espacio infinito del pensamiento. Y Dios siempre habría permanecido como pensamiento sin forma si no se hubiera contemplado a sí mismo, si no hubiera volcado y replegado hacia dentro, hacia sí mismo, el pensamiento que él era. Cuando el Padre contempló el pensamiento que él era, se extendió en una forma única de sí mismo, porque cada vez que se contempla un pensamiento, la acción del razonamiento puro expande el pensamiento; éste se convierte en algo más, se magnifica. De esta manera, el Padre, que nunca antes había extendido su ser, se contempló a sí mismo hasta convertirse en una mayor grandeza.

¿Qué produjo en el Padre el deseo de comprenderse a sí mismo y ampliar su existencia? El amor. La pura esencia, el puro propósito del pensamiento contemplativo, es el amor. Fue el amor de Dios por sí mismo lo que le dio el deseo de contemplarse y convertirse en una forma única y extendida de sí mismo.

A raiz de aquel movimiento del amor nacisteis todos vosotros. Porque cuando Dios se abrazó a sí mismo y se amó hasta una mayor grandeza, todos vosotros os convertisteis en aquello en lo que Dios se había extendido. Cada uno de vosotros se convirtió, en aquel mismo momento maravilloso, en una parte ilustre del primer pensamiento contemplado y extendido.

Siendo la primera unidad engendrada por Dios Padre, cada uno de vosotros se convirtió en un dios de Dios, en un hijo del Padre, y en una parte de la divina inteligencia, la mente de Dios. Vosotros, los dioses, sois la única creación que viene directamente de Dios. Sois la única creación que siempre será un duplicado exacto de lo que el Padre es, porque sois el Padre en una forma ampliada de sí mismo. Todo lo que el Padre es, él lo es infinitamente en el conjunto de sus amados hijos.

Dios, el Padre, es el pensamiento compulsivo y contemplativo llamado vida, una continuidad que nunca puede detenerse, así como tampoco vuestros pensamientos pueden hacerlo. Para que el pensamiento, o la vida, sea una expansión siempre continua hasta el infinito, debe tener una razón para continuar. La razón sois vosotros. Cada uno de vosotros se convirtió en una parte de la mente de Dios, para que a través de vosotros, la vida pudiera continuar extendiéndose hasta el infinito, el cual, de hecho, no tiene medida en el tiempo, porque el infinito existe en este momento, es la continuidad y eternidad del ahora.

Con el propósito de avanzar, el Padre os dio a cada uno de vosotros la única cosa que siempre existió y siempre existirá: la totalidad del pensamiento, o sea, la totalidad de Dios. A cada uno de vosotros os fue dado, por el Padre y para el Padre, todo lo que vosotros sois: una inteligencia divina y una voluntad creativa y soberana. A través de esa inteligencia y de la voluntad libre, se os dio el poder de tomar el pensamiento que el Padre es y extender lo que sois de acuerdo con vuestros propios procesos de pensamiento contemplativo.

Dios, la mente divina, se extiende continuamente y aumenta a través de cada uno de vosotros. El Padre se convierte instantáneamente en todo aquello en lo que vosotros os convertís al extenderos. Y todo aquello que el Padre llegue a ser—a través de la expansión de todos sus amados hijos— en eso os convertiréis al momento, porque cada hijo es el receptor de todo lo que el Padre es. Así, a través de vuestros propios pensamientos contemplativos siempre podéis ser lo que Dios es: un reino continuo, expansivo, extraordinariamente maravilloso.

En vuestro comienzo, cuando el pensamiento se contempló a sí mismo, se extendió en el principio de pensamiento llamado luz. La luz fue lo primero que se creó, porque siempre que el pensamiento se contempla y se expande, baja a una frecuencia vibratoria que emite luz. La luz es, por lo tanto, la primera forma a la que desciende el pensamiento contemplado y expandido.

Vuestra herencia original se remonta al nacimiento de la luz; pues cada partícula de luz nacida del primer pensamiento contemplado, se convirtió en un individuo, un dios, un hijo. Así, en el momento de la creación, todos os convertisteis en lo que se llama seres de luz.

Todos fueron creados como seres en ese mismo momento. Todas las entidades que han existido o existirán, fueron creadas del pensamiento hasta convertirse en luz cuando Dios se contempló a sí mismo. La luz, que emanaba del espacio de pensamiento, se convirtió en parte adyacente de la mente de Dios, el flujo de todo pensamiento o «río de pensamiento».

La luz en la que os convertisteis cada uno era y es la inteligencia que vosotros sois; es Dios en su forma extendida de luz. Esa luz divina, que es vuestro cuerpo original y permanente, es el espíritu de vuestro ser, o lo que yo llamo el Dios de vuestro ser, porque vuestro espíritu es Dios, la mente de Dios en forma individual. Hasta este día aún poseéis vuestro espíritu original, el Dios-yo original, el cuerpo de luz original en el que os convertisteis en toda vuestra gloria cuando el pensamiento, vuestro amado Padre, se contempló y extendió hasta convertirse en la luz.

Ahora, en vuestros comienzos, cuando el pensamiento, o Dios, pasó a través del espíritu de vuestro ser, se creó una emoción, pero era efímera. Así que vuestra alma se creó a través de vuestra fuerza creativa, para absorber el río de amor que salía de Dios el Padre. Se creó con el propósito de capturar el flujo continuo del río de pensamiento y llevarlo a un estado de quietud -lo que se llama memoria— en forma de emoción.

Tu alma, que vive dentro de tu espíritu, es lo que te permite ser un principio creativo. Porque para crear debes poseer la capacidad de retener la imagen del pensamiento clara y firme en la memoria. De esta manera, puedes templar el pensamiento y expandirlo hasta formar los valores creativos que llamas realidad.

Por ejemplo, para crear una flor nueva y única, tiene que emerger el pensamiento de una flor. El pensamiento de la flor se toma del flujo de pensamiento siempre continuo, que es uno con el espíritu o la luz de tu ser. El pensamiento, entonces, se mantiene claramente en el alma como una imagen, en forma de emoción. A través del deseo, puedes recobrar ahora la imagen del pensamiento «flor», contemplarla y extenderla en cualquier forma única, color, o tamaño que desees. Ahora puedes de manera única, crear una flor, la que tú quieras y en el momento en que tú lo desees. Manteniendo el pensamiento perfectamente inmóvil en la memoria, puedes dibujar su retrato perfectamente.

Sin tu alma, no podrías extender al Padre hasta la forma creada, pues no podrías mantener el pensamiento inmóvil para contemplarlo y extenderlo hasta la creación.

Ahora, lo que tú llamas creación es realmente el valor de la vida que siempre ha existido. La creación no tiene un principio y, ciertamente, no tiene fin. Y los creadores a partir de la sustancia del pensamiento sois todos vosotros, las entidades de luz, los dioses. Todas las cosas han sido creadas por los hijos a partir del pensamiento que el Padre es. Y todo cuanto los hijos crean, se convierte en el yo extendido del Padre.

Todo lo que ves a tu alrededor se llama materia. El Padre es la materia, porque todas las cosas son Dios. Pero los creadores y diseñadores de la materia son los maestros artesanos que todos vosotros sois, los dioses que sois; pues tuvisteis, desde un principio, el propósito inteligente de crear en materia cualquier ideal que pudierais visualizar a través del pensamiento.

Todas las cosas nacen del pensamiento, todas. Cada objeto material tuvo como punto de partida un pensamiento que fue abrazado en emoción para formar un ideal de creación. Antes de que algo fuese creado, el alma primero visualizó ese pensamiento como un ideal. Todo lo material fue creado y formado por los dioses mediante un ideal de pensamiento visualizado, utilizando la materia que es el Padre.

Ahora, toda la materia está rodeada de luz. Vuestros científicos empiezan a sospechar —y han acertado en su suposición— que si se toma la luz y se disminuye o reduce su frecuencia vibratoria, se convierte en materia bruta. ¿Y de dónde vino la luz? Del pensamiento, de Dios.

Siempre que contemplas el pensamiento y lo abrazas emocionalmente. éste se extiende hasta la frecuencia vibratoria de la luz. Si reduces el movimiento de las partículas de la luz y lo condensas, creas el electrum, un campo electromagnético que contiene polos positivo y negativo, lo que tú llamas electricidad. Si reduces y condensas el pensamiento más aún, más allá de campos electromagnéticos, el electrum se coagula en materia bruta. La materia bruta se agrupa entonces en la estructura molecular y celular llamada forma. Y la forma se mantiene unida debido al pensamiento que el alma visualizó como ideal de creación.

Todas las cosas se crean tomando lo que no tiene velocidad —el pensamiento— y extendiéndolo hasta aquello que sí la tiene —la luz— y luego reduciendo la velocidad de la luz hasta que creas esto y aquello y todo lo que hay a tu alrededor.

Amados maestros, sois vosotros quienes habéis creado, a través de vuestros propios procesos de pensamiento, la belleza y el esplendor de todo lo que existe. Sois vosotros quienes habéis creado todas las cosas —desde el pensamiento hasta la luz, el electrum, la materia y la forma— simplemente pensándolas y sintiéndolas hasta darles vida. Pues vosotros, que erais pensamiento reducido a luz, contemplasteis esa luz en la que os habías convertido, y la amasteis; al hacer esto, redujisteis la luz otro escalón para crear el electrum. Al contemplar el electrum en el que Dios se había convertido a través de vuestros procesos de pensamiento, lo redujisteis nuevamente hasta la materia bruta, o «pensamiento coagulado», la forma más baja de pensamiento y a la vez otra dimensión del Padre en sí mismo.

Por lo tanto, vuestro primer movimiento fue el reconocimiento de lo que se llama «la ciencia del pensamiento transformado en materia». Y esta ciencia nunca se os enseñó; fue simplemente entendida, porque era un proceso de vida en el cual estabais envueltos. Fue a partir de esta ciencia, de este entendimiento, que empezaron las formas creadas.

En el principio de las formas creadas, los dioses se contemplaron a sí mismos —las luces que eran— y crearon el ideal de luz en materia al crear lo que se llama soles. Y había trillones de billones de ellos. Innumerables. Todos los soles fueron creados gracias al enfoque o la fusión de materia gaseosa que resultaba de la reducción del electrum. Y a partir de los grandes soles —las chispas centrales de la vida— fueron creadas y lanzadas a sus órbitas las esferas rotativas llamadas planetas. Y sobre las esferas, los dioses crearon diseños; y os llevó eones aprender a diseñar.

¿Quién creó este universo y todos los universos que rodean un ciclo solar incluso mayor? Vosotros lo hicisteis, en verdad. Vosotros los diseñasteis simplemente. Cada cosa que creasteis, a través del pensamiento contemplado, aumentó vuestra experiencia, permitiendo que los sentimientos —el tesoro más auténtico del pensamiento— se originaran en vuestra alma. Y fue a través de los sentimientos como se creó el plano de la materia.

Vuestra divinidad yace en que vosotros sois, de hecho, las primeras chispas de luz. Y en que vosotros, los creadores, habéis creado desde el Padre con vuestra voluntad soberana todo lo que existe. ¡Todo! Dios no creó los universos: él es los universos. Vosotros los creasteis a partir de vuestros procesos de pensamiento sintiéndolos en vuestras almas.

LA MAYORÍA DE VOSOTROS estaba entre los dioses que vinieron a este lugar vuestro llamado Tierra hace muchos eones, y aquí creasteis toda la vida y la hicisteis evolucionar. Durante millones de años, tal como vosotros conocéis el tiempo, tomasteis del pensamiento que el Padre es y, con vuestra suprema inteligencia y poder creativo, diseñasteis vuestros ideales de creación.

Vosotros, las entidades de luz, formulasteis aquí organismos vivos a partir de la bacteria que se formó por la reacción de la materia gaseosa con el agua. Ese fue el barro con el cual creasteis los diferentes valores de vida. Y al principio, vuestras creaciones eran meramente materia agrupada expresándose como «un montón de algo». Vuestra creatividad era muy simple, porque apenas empezabais a entender la realidad de la materia y cómo crear a partir de ella. Pero tras eones de tiempo, creasteis las plantas y los animales, y cada criatura viviente sobre este plano.

Las criaturas fueron concebidas por vosotros como una expresión de vuestra emoción creativa, como una expresión de vida creativa; formas de vida que poseían movilidad y podían expresarse por sí mismas. La flor fue creada por un grupo de vosotros. Se introdujo el color. Se añadió el aroma. Y más tarde surgieron varios aspectos de la flor en diferentes diseños.

Debéis entender que vosotros no trabajasteis para crear estas cosas, pues como seres de luz no teníais un cuerpo con el que trabajar. Cualquier cosa que deseabais crear, simplemente os convertíais en ella. Para dar sustancia a la materia, para darle personalidad, para darle inteligencia y diseño, os convertíais en una parte de cada cosa que creabais. Una vez que cada creación se convertía en parte viviente de la inteligencia de su creador, os separabais de vuestras creaciones, siempre en busca de creaciones mayores.

Ninguna de las cosas que creasteis aquí seria tan hermosa y sublimé tendría un significado con propósito, si no tuviera dentro de sí el «aliento vida» de su creador. Vosotros sois quienes infundieron en vuestras creaciones la inteligencia, o patrones de memoria genética llamados instinto. Es lo que dio a vuestras creaciones un propósito de ser y los medios —-a través de procesos de reproducción y del intercambio de genes— para que evolucionaran nuevas especies. Con todo, las nuevas especies aún llevarían dentro la inteligencia del instinto, el aliento de vida de los grandes dioses creativos que pusieron en marcha los patrones de la evolución. Por eso todas las cosas vivientes tienen dentro de sí la divina esencia que es la chispa de vida, que viene de vosotros, los dioses, sus creadores.

No fue hasta que una cadena de alimentación hubo sido claramente establecida, que los dioses decidieron crear un vehículo de materia a través del cual pudieran experimentar sus creaciones y continuar expresando su creatividad, pero como ellos mismos más que como sus creaciones. Y por esto, crearon la encarnación llamada hombre.

Ahora, el pensamiento es una frecuencia penetrante, una esencia que pasa a través de la materia. Por eso los dioses, que eran pensamiento en forma de luz, podían convertirse en la flor y sin embargo nunca olerla, nunca conocer su esencia. Ellos eran como la brisa que soplaba entre los árboles, pero nunca podían sentir o abrazar al árbol. Ellos podían pasar a través de la piedra, pero no podían sentirla porque el pensamiento no es afectado por la materia que la piedra es, pues le falta sensibilidad para sentir la esencia de una vibración más baja.

Para que los dioses pudieran oler la flor, sostenerla, adornarse con ella, para que pudieran conocer su belleza y experimentar su viveza, tenían que crear un vehículo de materia que vibrara a la misma velocidad que la flor. De este modo, la encarnación llamada hombre, se creó después de que se hubieran creado todas las demás cosas, para que los dioses pudieran sentir y experimentar sus propias creaciones, y expresar su capacidad creativa a través de a materia bruta, o lo que llamáis «masa solidificada», el pensamiento llevado a su forma más baja.

El hombre fue creado según un ideal de pensamiento, para ser un vehículo que los dioses pudieran conducir desde adentro. Era el cuerpo perfecto un dios, pues podía contener el alma y estar envuelto por el espíritu del dios. A través de un cuerpo, los dioses podían tocar la flor y oler su esencia; y la experiencia de aquello sería grabada para siempre en sus almas como setimientos, el tesoro de sus acciones. Ahora podían mirar realmente un árbol y contemplarlo, saborear su olor y tocar su belleza. Ahora los dioses podían verse tocarse, abrazarse y hablarse el uno al otro. Ahora podían alimentarse y observarse y ser completamente volátiles el uno para el otro. Y ahora los dioses, como hombres, tenían una aventura en materia totalmente nueva con la que jugar, para adquirir la esencia invisible llamada sentimientos.

De esta manera, los dioses, seres de luz sin densidad material, crearon una densidad apropiada para su ideal. A través de la masa del cuerpo ellos podían expresarse en una nueva realidad: pensamiento manifestado en la forma llamada materia. Con eso se convirtieron en Dios, pensamiento divino manifestado en la inteligencia de la masa celular llamada humanidad. Y así se convirtieron en Dios-hombre, hombre-Dios: Dios expresándose en la maravilla de la forma humana; hombre expresando al Dios dentro de sí mismo para continuar la expansión de su Padre hacia la eternidad.

Los primeros hombres surgieron después de muchos experimentos hechos por un grupo de dioses. Al principio, sólo fueron creados del género masculino, y ni siquiera tenían genitales. Los genitales estaban en su interior, de manera que pudieran reproducirse por sí mismos a través del proceso llamado clonación. Por esto, todos los cuerpos masculinos se parecían mucho al principio de su creación. Y eran criaturas bastante humildes, que te parecerían muy grotescas hoy en día. Pero para los dioses, en aquellos tiempos, eran muy hermosas. Por desgracia, no eran muy sigilosas y continuamente eran devoradas por los animales de los alrededores. Así, los dioses las probaron y modificaron durante mucho tiempo hasta que fueron merecedoras de posesión completa. Una vez que el cuerpo hubo sido perfeccionado, muchos de los dioses, con gran júbilo, tomaron posesión de los cuerpos para emprender una nueva aventura en la exploración de la vida.

Los cuerpos que habitaban los dioses fueron diseñados para albergar una estructura de fuerza que capacitara a los seres de luz para mejorar continuamente sus cuerpos, de modo que éstos pudieran vivir y coexistir en un medio muy peligroso. El cuerpo fue diseñado para que la memoria de cada pensamiento que el dios abrazara emocionalmente fuera grabada en cada célula y así transferida a través del proceso de clonación.

Cuando la matriz del hombre,[1] o mujer, se creó mucho después como una forma de hombre más perfeccionada, ello permitió la singularidad y el mayor refinamiento del cuerpo a través de la división de los genes.

[1] (N.T.) Aquí Ramtha hace un juego con las palabras en inglés womb of man (matriz del hombre), y woman (mujer).

El hombre llevaría en su semilla los patrones del entendimiento que había alcanzado hasta ese punto, y la mujer los llevaría en su óvulo. A través del acto de copulación, los patrones genéticos de ambos se juntarían para crear una entidad incluso más avanzada, basada en el aprendizaje y las realizaciones de sus padres. Sin embargo, a través de este proceso estaban creando solamente un cuerpo mejor, no un mejor espíritu.

A medida que el entendimiento de los dioses viviendo como hombres empezó a crecer —por necesidades de supervivencia— el cuerpo fue continuamente perfeccionado desde su forma primitiva o, como vosotros decís «evolucionó», un proceso que ha continuado durante más de diez millones y medio de años, según vuestro cómputo del tiempo. Eso es lo que ha tomado que vosotros os convirtierais en lo que sois en este momento.

Vuestro cuerpo es joven. El hombre, en su verticalidad y movilidad, sólo tiene diez millones y medio de años. Pero vosotros, los seres de luz, siempre habéis existido. Porque, ¿cómo se puede determinar el principio del pensamiento contemplativo basándose en el tiempo, cuando éste no existía? De modo que sois antiguos, y durante billones de años, tal como los llamáis en vuestra manera de medir el tiempo, creasteis con el electrum. Después, bajar el electrum hasta la materia se convirtió para vosotros en una aventura nueva y diferente. Y a través de billones de años de diseño y exploración, el hombre llegó finalmente a ser una criatura viviente y con aliento, de pensamiento coagulado y materia densa.

Todo lo que existe en este plano lo creasteis vosotros. Es por eso que la realidad no estaría aquí si no fuera por todos vosotros. Los animales son amados porque han recibido el aliento de vida a través de vosotros, sus creadores. Las flores son amadas, porque llevan en ellas los patrones de vuestra belleza… Toda la vida lo lleva. Y todo es gracias a vosotros.

¿Quiénes sois vosotros? Vosotros sois los grandes dioses de luz, los grandes creadores de toda la vida. Sois el pensamiento grande e infinito, ampliado y rebajado hasta la materia creativa. Sois Dios, el pensamiento eterno, experimentando la forma llamada humanidad. Sois Dios manifestado como hombre para continuar la expansión del pensamiento hasta la eternidad.

Extracto de: El libro blanco – Ramtha

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Ramtha ~ Muerte o Ascensión

«La muerte no es una regla necesaria en este reino. Es mucho más fácil llevarte el cuerpo contigo, entonces no tienes que nacer de nuevo a través del canal del nacimiento en una conciencia que, lamentablemente, no acepta tu memoria.”

Ramtha

Estudiante: Recientemente me he dado cuenta de que voy a tener un bebé, y me gustaría saber, antes que nada, por qué este bebé eligió venir a mí, y cómo elegimos a nuestros padres.

Ramtha: ¿Cómo elige cada uno a sus padres para tener un vehículo de expresión? Hay muchas razones, muchas respuestas. Pero todos los que se han ido de este plano y quieren volver a este nivel, están esperando a entidades que vayan a tener niños. Todos aquellos que tuvieron descendencia en vidas pasadas, siempre poseen patrones genéticos de vida —lo que tú llamas padres— a través de los cuales pueden volver.

La mayoría elegirá padres que le son familiares, entidades que han sido sus padres o sus hijos en otras vidas. Sin embargo, hay entidades que eligen padres que no conocen sólo porque les proveen de un vehículo a través del cual expresarse en este plano. Para algunos, muchas veces no hay un vehículo través del cual venir cuando quieren regresar, y tal vez tienen que esperar cientos de años hasta que encuentran disponible una encarnación adecuada para ellos.

Nadie es realmente el padre o la madre de ningún otro. Todos somos hijos e hijas del principio Madre/Padre de la vida llamado Dios. Todos aquí somos hermanos y hermanas uno del otro. Tus hijos y tus padres son en realidad tus hermanos, y partes iguales de la mente de Dios.

Cada entidad sabe antes de venir aquí que no está volviendo para ser la más bella, el más rico o el más desgraciado de los pobres. Vuelve aquí porque quiere vivir aquí y emprender el aprendizaje emocional de este nivel, para obtener entendimientos emocionales que quiere satisfacer dentro de su ser. Ese es el verdadero tesoro de las experiencias de tu vida, tanto aquí como en otros planos o dimensiones, pues eso es lo único que permanece contigo a través de la eternidad.

La entidad que te ha elegido a ti, maestra, fue lo que llamas el padre del padre de tu padre. Va a volver a través del linaje que él empezó hace más de un siglo. Tu deseo de engendrar hermanos le permite su regreso, porque ahora tiene un vehículo a través del cual poder volver. Esta entidad espera «en fila», por decirlo de alguna manera, el fruto que vas a traer. Hay muchas entidades en esta audiencia que tienen entidades a su alrededor, en su campo luminoso, que están ahí «esperando en la fila» a que ocurra la concepción.

Estudiante: ¿Quiere decir eso que, si es el padre del padre de mi padre, es un muchacho?

Ramtha: Efectivamente. ¿Te parece bien?

Estudiante: Oh, sí ¡Muchísimo! Ramtha, tengo otra pregunta. ¿Siempre tenemos que atravesar el canal del nacimiento para volver aquí?

Ramtha: Para contestar tu pregunta, maestra, deseo que entiendas que este es el plano de la percepción tridimensional. Es el plano donde el pensamiento es visible en la forma tridimensional llamada materia. Este plano es la densidad de la materia porque el pensamiento se ha extendido hasta una frecuencia vibratoria llamada luz, que luego se ha reducido para convertirse en electrum, del electrum pasar a materia sólida y de la materia sólida convertirse en la solidez de este plano. Por lo tanto, la materia de este plano es luz cuya frecuencia vibratoria se ha reducido hasta tomar su forma más densa.

Para que todas las cosas tengan aquí la misma densidad tienen que vibrar en la misma frecuencia. Por lo tanto, tu cuerpo está vibrando en la misma frecuencia que la silla en que te sientas. Este nivel existe para ti porque los sentidos de tu cuerpo han sido diseñados para percibir las frecuencias de luz más lentas, llamadas materia.

Como tú eres, en esencia, una energía de luz cuya frecuencia vibratoria es mayor que la densidad de la materia, si no poseyeras un cuerpo material, pasarías a través de la materia de este plano. Por eso el cuerpo es lo que te permite, a través de su densidad y sus órganos sensoriales, percibir, experimentar, e interactuar con la materia de este plano.

Por lo tanto, si deseas ser parte de esta frecuencia, debes habitar y formar parte de un cuerpo manifestado. Una manera de poseer un cuerpo es nacer a través del canal del nacimiento. La única otra manera de tener un cuerpo para experimentar este plano es: nacer a través del canal del nacimiento, conservar totalmente la integridad del Yo, y activar la totalidad del órgano llamado cerebro. Una vez que has abierto plenamente la capacidad de tu cerebro, puedes, voluntariamente, ordenar al cuerpo que aumente su frecuencia vibratoria hasta pasar del nivel de la materia al nivel de la luz. Esto se llama «ascensión».

La ascensión es simplemente la manera de llevar la totalidad de tu ser a otra dimensión de tu conciencia aceptada. La muerte es ciertamente una manera de llegar ahí, pero eso significa permitir que la estructura del cuerpo envejezca, se desmorone, y deje de ser. Entonces ya no tienes tu cuerpo. La ascensión es llevarte el cuerpo contigo.

Todos aquellos que han ascendido en este plano, conquistaron lo máximo, que es la muerte. Ellos aprendieron a elevar, mediante el poder de su pensamiento, la frecuencia vibratoria de las estructuras moleculares de su cuerpo, hasta el punto en que pudieron llevárselo con ellos hasta la existencia de la luz, pasando así por encima de la muerte para siempre.

Estudiante: No estoy segura de entender de qué forma la ascensión te capacita para volver a este plano.

Ramtha: Verás, maestra: cuando llevas tu cuerpo contigo, puedes aumentar o disminuir su frecuencia a cualquier nivel que elijas. Así, si eliges volver a esta frecuencia, nunca más tienes que buscar otro cuerpo, con otro ego, para experimentar otra vida, con otra familia, en otro lugar. No es necesario nacer otra vez en este plano de pensamiento limitado, sólo para experimentar la programación de la conciencia social y tener que luchar por la expresión del Yo para recobrar tu saber interior. No necesitas aprender de nuevo que el cuerpo puede restablecer su forma de luz pura, aquella de la cual procede. No tienes que aprender otra vez que esto es simplemente una ilusión y un juego.

Cuando domines la ascensión, conservarás tu cuerpo para siempre, y podrás ir y venir cuando quieras con tu propio cuerpo. Entonces, en cualquier momento que desees ser parte de este plano otra vez, todo lo que tienes que hacer es bajar la vibración del cuerpo hasta que vibre en la misma frecuencia que este plano, y aquí estás.

Todos los que están aquí son capaces de ascender, porque aquello que se esconde detrás de la ilusión de la carne es el creador de todos los universos; y tú, por decisión propia y a través del pensamiento ilimitado, puedes hacer que ocurra esta manifestación. Cuando aprendes a dominar el juicio en contra de tus propios pensamientos y te permites recibir todo el pensamiento, tienes el poder y la capacidad de convertirte en cualquier ideal que imagines. Entonces puedes hacer o convertirte en cualquier cosa con el pensamiento. puedes tomar tu pensamiento, concentrarlo en el cuerpo, y ordenarle a éste que vibre más rápido. El cuerpo, entonces, se elevará hasta el ideal que el pensamiento está manteniendo firmemente. La totalidad del cuerpo empezará a vibrar a una velocidad mucho mayor. Mientras hace esto, la temperatura del cuerpo aumentará y el cuerpo empezará a brillar. Al continuar vibrando más rápidamente, la materia del cuerpo pasará a luz pura, y de ahí a pensamiento puro. 

Entonces, aquello que era visible deja de ser visto.

Estudiante: Parece que la ascensión es una cosa difícil de alcanzar, pues no se habla mucho de gente que haya ascendido.

Ramtha: Al contrario, maestra, la ascensión es muy fácil de alcanzar. En verdad, es mucho más simple que morir. Lo que es difícil de conseguir es superar el juicio en contra de tus propios pensamientos. Lo que es realmente difícil de conseguir es superar la ilusión del tiempo para permitirte a ti mismo la paciencia de hacerlo. Pero una vez lo consigues, la ascensión es simplemente un pensamiento más. Entonces has conservado tu cuerpo para el resto de los tiempos, y puedes ser un viajero en cualquier plano y en cualquier momento que lo desees.

Estudiante: ¿Y nunca experimentas la muerte?

Ramtha: Nunca. ¿Cómo podrías cuando estás por encima de ella? Sabes, la muerte es una gran ilusión. La muerte es una realidad aceptada en este plano, la cual todos piensan que debe existir, por eso, se ha convertido en una realidad. Entidad, la única realidad es la vida, todo lo demás es una ilusión. Las ilusiones son pensamientos, que a su vez son juegos que se convierte en realidades.

La muerte no es una regla necesaria en este reino. Es mucho más fácil llevarte el cuerpo contigo, entonces no tienes que nacer de nuevo a través del canal del nacimiento en una conciencia que, lamentablemente, no acepta tu memoria.

Estudiante: Entonces, ¿no tenemos que morir?

Ramtha: Nadie tiene que morir. Tú morirás sólo si crees que lo harás. Pero el cuerpo no necesita morir. Los dioses que lo diseñaron no lo hicieron para que durara sólo un breve instante en el tiempo. Diseñaron el cuerpo para que viviera de sus glándulas, no de sus órganos; y a través del flujo de hormonas de sus glándulas, el cuerpo fue diseñado para vivir cientos de miles de años y nunca envejecer. Así fue como se programó en sus estructuras celulares. Hasta hace poco tiempo en vuestra historia, las entidades vivían durante miles de años.

La muerte es sólo el fin del cuerpo, no de la personalidad-yo. Pero es a través de las actitudes de la personalidad-yo que la fuerza vital del cuerpo se degrada, y el cuerpo provoca lo que se llama muerte.

Tu cuerpo responde sólo a lo que se le dice que haga. Tu alma, que está junto a tu corazón, gobierna la totalidad del cuerpo a través de su estructura emocional. El alma es lo que hace que las hormonas se repartan por todo el cuerpo para mantener la vida en él. El alma no hace esto por sí misma, sino bajo la dirección de tus actitudes y tus procesos de pensamiento. A causa de tus actitudes aquí, las hormonas dejan de crearse en el cuerpo después de la pubertad. Cuando éstas dejan de ser creadas, la hormona de la muerte se activa en el cuerpo y éste, en su totalidad, comienza a descomponerse, a envejecer y a morir. La hormona de la muerte se activa en el cuerpo porque tú vives bajo el sentimiento de culpabilidad y el juicio de ti mismo, y el miedo a la muerte. Y para ti, la belleza se basa totalmente en la apariencia de la juventud, no en el carácter del ser de alguien. Anticipas tu muerte al pagar la póliza de seguros de tu propio entierro. Pagas otra póliza para proteger tus tesoros si enfermas. 

Estás haciendo todo lo posible para acelerar la enfermedad y la muerte de tu cuerpo porque la esperas totalmente.

El cuerpo es sólo un sirviente, un instrumento del pensamiento colectivo. Es una creación magnífica, el instrumento más refinado que existe. Pero no fue creado para tener una mente por sí mismo. Fue creado específicamente para ser un sirviente, y vivirá sólo el tiempo que tú le permitas vivir. Si tú aceptas los pensamientos de envejecimiento, esperando que el cuerpo se deteriore y muera, o te niegas a ti mismo amor, felicidad y alegría, tu cuerpo gradualmente descenderá hasta la corrupción de la muerte.

Sabes, maestra, en este preciso momento tú puedes parar el tiempo por completo y vivir en la eternidad de este ahora, si así lo eliges. Porque, ¿no es el tiempo una ilusión? ¿Quién lo ha visto? Existe aquí una gran hipocresía, te niegas a creer en lo invisible pero adoras totalmente al tiempo y estás esclavizado por él.

Tú tienes el poder exactamente dentro de ti, exactamente donde estás, de retroceder la edad de tu cuerpo que tu cuerpo envejezca y muera, cambia tu actitud. Deja que tu actitud diga que el cuerpo vivirá para siempre y así será. Suprime todas las cosas en tu vida que han reconocido el final de ella, y así ésta nunca tendrá fin. Nunca incluyas la palabra «viejo» en tu entendimiento del vocabulario; incluye «para siempre» en tu entendimiento. Cesa la celebración de tus cumpleaños, porque eso aún le da más credibilidad al proceso de envejecimiento. Si te complace reconocer tu nacimiento, hazlo, pero retrocede la cuenta de tus años y vuélvete más joven. Si no estás esperando tu muerte, nunca la conocerás.

Vive siempre en el presente. Nunca aceptes otro futuro más que este ahora. Tu ahora será la eternidad si tú se lo permites ser. Nunca contemples cuánto tiempo vas a vivir, pues vivirás para siempre. Contempla la eternidad de tu cuerpo, y en eso se convertirá. Así de simple es.

Ámate a ti misma, maestra. Bendice tu cuerpo. Hablale a tu alma, que es el señor de tu ser, y ordénale que produzca las enzimas de la juventud, y eso hará. Sabe que el cuerpo puede vivir para siempre. ¿Y cómo vive para siempre? Diciéndoselo.

La inmortalidad se alcanza sólo cuando uno acaba con el concepto de la mortalidad. Esta parodia llamada muerte podría ser eliminada por la totalidad de la humanidad si ellos vivieran no en el pasado o en el futuro, sino en la continuidad de este ahora y si la actitud de vivir fuera más grande que la perspectiva de morir. Esto será eliminado en los años venideros, pues el tiempo dejará de existir y este entendimiento se habrá convertido en una realidad viva dentro de cada uno sobre vuestro plano. Entonces la muerte se habrá convertido en algo sin sentido.

Estudiante: ¿Es la ascensión algo que tú puedas prever que muchos de nosotros alcancemos en esta vida?

Ramtha: Muy pocos ascenderán en esta vida, pues pocos se darán cuenta y apreciarán verdaderamente lo que se ha enseñado aquí. Muchos morirán porque reconocen la vejez y el deterioro, y se preocupan por la espléndida máquina que los lleva sólo hasta el punto en que se vea bonita. Por lo tanto, ellos envejecerán, y el cuerpo caerá en la corrupción. Entonces, el espíritu y el alma serán liberados de su unión con el cuerpo. De todos modos, para poder volver a este plano de densidad de la materia, necesitarán un vehículo a través del cual expresar; de este modo funciona el renacimiento de los maestros.

La mayoría aquí morirá. Pero eso no significa que eso sea todo para ellos. Simplemente significa que la máscara del cuerpo se separa, y deberán tomar otra. Pero si realmente eligen volver aquí, volverán a una conciencia que les facilitará la ascensión, pues ésta pronto será una realidad comprendida y aceptada.

Estudiante: ¿Hay alguna cosa que pueda hacer o darle a mi cuerpo que ayude a mi bebé?

Ramtha: La única cosa que necesitas hacer con respecto a tu cuerpo, maestra, es no preocuparte del aspecto que tenga. Sabe que es hermoso a todas horas y tu bebé sentirá lo mismo cuando salga. No importa cuánto hayas engordado, él será un alma feliz. ¿Has aprendido?

Estudiante: Mucho, gracias.

Ramtha: Y maestra, cuando críes a tu hermano, nunca le digas que la vida será más dulce cuando crezca. Hacerle eso a otra entidad es algo muy limitado. Crea el entendimiento de que cada momento de su vida es importante. Permite a tu niño crecer despacio, y déjale ser un niño tanto tiempo como él lo desee. Entonces serás una maravillosa bendición para uno de tus amados hermanos, y podrás compartir su alegría de estar en este plano. Que asi sea.

Extracto de: El libro blanco – Ramtha

Espejos perfectos el Uno del Otro

Servidores de los dioses en forma humana

Ramtha ~ 

Esta historia es producto de la actitud del hombre para perfeccionar el amor y de la forma como él mismo lo ha limitado. Cuando Duvall regresó, se había mejorado y perfeccionado gracias al acto de amor hacia Debra, pero en su búsqueda de una nueva vida, se involucró erróneamente con los celos y la posesión de su hermosa hija, no la posesión de su alma, sino de su forma física, olvidando incluso su independencia como el dios que ella era.

Cuando Duvall —el hijo de Arius y la encantadora— pereció en esta vida, ya en su vejez, lo hizo en la penumbra del presagio de que iba a tener que regresar. Cómo lloró. Y tuvo que esperar mucho tiempo después de que todos hubieron faltado, incluso su amada hija, como consecuencia de los actos de sus propios pensamientos y accidentes. Y su historia ha continuado y continúa hasta el día de hoy. ¿Y se ha perfeccionado él? Lo ha intentado con perseverancia. Sin embargo, se ha permitido la extravagancia de perderse en la pequeñez de la ilusión, que no hace desaparecer el sentimiento del momento, sino que lo entierra en un tiempo olvidado para que después éste regrese promiscuamente en el futuro. Él es el resultado directo en este plano de su deseo limitado. Y Duvall-Debra ha muerto y conocido más de diez mil muertes en total.

Y si todas las actitudes del hombre sumadas nos dan lo que llamamos celos, odio, envidia, guerra, desprecio, juicio… y todo lo que ha dado credibilidad a esto se hizo en nombre del amor, el hombre tendrá que morir diez mil vidas y más en manos de estas ilusiones y actitudes hasta alcanzar un nivel de amor total y deidad absoluta, y así poder regresar al Atrio e ir aun más lejos, hasta el pensamiento de la Fuente y el Padre, hasta la luz amada y siempre continua.

A las hijas no las creasteis con vuestros genitales y vuestro vientre, vosotros simplemente proveéis por medio de un acto de amor o lujuria —como lo queráis llamar—, la oportunidad para que un gran dios venga a completar cualquier cosa que se haya lanzado a perfeccionar o simplemente a ser una luz para el mundo. Pero vosotros no sois dueños de su Espíritu, nunca lo seréis. Ni tampoco lo perderéis, pues habéis estado juntos durante eones, una y otra vez. Nunca os habéis perdido. Duvall nunca perdió a su hija. Ella vendría a ser en vidas futuras su madre, su hermana, su abuela, su abuelo, su enemigo y su amigo, su mandatario y su sirviente, su amigo y señor. Vosotros nunca perdéis a nadie.

Si vosotros amáis en libertad, ganáis todo, incluyendo la oportunidad de distinguir entre vosotros y Dios dentro de vosotros mismos, que aprendéis las ilusiones y la medida del pensamiento limitado, y en la belleza de este proceso regresáis hasta Dios. Vosotros siempre seréis Dios, ésa es la verdad. Vosotros siempre seréis la Fuente. El científico dice que para ser alguien primero debes ser creado. Sin embargo, vosotros interrumpís vuestra vida constantemente, siempre lo habéis hecho, y a través de la amargura de vuestro ser os seguiréis desarrollando una y otra vez tratando de ser algo mejor. Nunca intentes ser algo mejor, sé algo mejor. Os aseguro que hay una gran diferencia entre estas dos declaraciones.

Esta historia se ha seguido repitiendo, una y otra vez hasta ahora. Siempre debemos pronunciar el ahora como el momento perfecto. Si alguna vez habéis contemplado y os habéis preguntado acerca de vuestro linaje, vuestro linaje nunca fueron los monos. Vuestro linaje nunca fue el hombre ignorante. Queridos maestros, vuestro linaje y vuestra herencia fueron los dioses, y sus primeros descendientes en este plano fueron seres maravillosos. Permitios la oportunidad, utilizando la pureza de la paciencia y prescindiendo del tiempo, de contemplar vuestros juicios y decisiones y evaluar en los términos más elocuentes y apropiados vuestra actitud hacia cualquier persona; determinad ahora, sabiamente, si para vosotros valen la pena más de diez mil vidas a cambio de conquistar esa obsesión en un momento. Si lo valen, ¡disfrutad la eternidad!

Yo soy Ramtha el Iluminado. Reflexionad y aprended de estos momentos tan elocuentes que os he ofrecido. Tenéis miles de libros que hablan de este tema infinitamente. Yo lo he expuesto de manera muy simple para que vosotros lo consideréis. Podéis iros en paz y con vuestro corazón reconfortado. Ha llegado la era de vuestro renacimiento. Celebrémoslo.

LA BÚSQUEDA DE LA UNIDAD, EL REGRESO A CASA

Yo sé con toda certeza que la búsqueda de la identidad del hombre se ha basado en la búsqueda de otra persona. Todos vosotros buscáis a otras personas para completaros. Estáis siguiendo el regreso natural hacia vuestro propio entendimiento. Todos vosotros tenéis un fin, todos vosotros poseéis un Dios.

Cuando el hombre encuentra su consumación en el vientre de su ser, la mujer, el hombre encuentra el término de ese mandato, pues sus órganos y sus glándulas han sido satisfechas, y también su alma. Y cuando el hombre se haya unido con su pareja, una vez más volverá a mirar a las estrellas. Y en el ruido y la conmoción de la ciudad, el graznido de los gansos, el relinchar de los caballos, el bramido de las vacas, los comerciantes y oportunistas, los funcionarios del gobierno, los príncipes y los impostores, los grandes edificios, los granjeros con sus aceitunas, su queso y su vino… cuando se haya entendido todo esto —y quizás ya hayas perdido tu deseo y ninguna de estas cosas te tiente—, ve caminando hacia el horizonte y busca un tronco donde sentarte, y desde allí mira al cielo en la medianoche y encuentra una de las joyas que cuelga de tus cielos. ¡Qué maravillosa es su luz!

Mira a la luna, la encantadora, que con su luz plateada y su belleza siempre te está tentando. Y mira al libro del infinito.(1) Observa la joya, cómo con su grandeza nunca eclipsa a las luces más pequeñas. La luna nunca sería tan tentadora si no tuviera de fondo al infinito, desde el cual puede brillar. Y mientras tú estás sentado en tu tronco viendo esa grandeza, te darás cuenta de que cuando el hombre sea completo de nuevo, él mismo se convertirá en ese ser que solía mirar hacia abajo y contemplar cómo poder mejorarse.

(1) La inmensidad del espacio.

Y cuando él llegue a este entendimiento, el hombre buscará su valía por sí mismo. ¿Qué es más grande en la retrospección de su historia que llegar hasta el mismo elemento que hizo a la estrella tan encantadora, a la luna tan grandiosa, a ese tronco tan robusto, y a su propio cuerpo tan hermoso? Y aunque él sea Dios, ¿cuál es la fuerza superior que lo hizo Dios? Él buscará la fuerza que le guíe, momento a momento, en su creatividad. Y tratará de descubrir el maravilloso elemento que produjo la medida y el florecimiento de su creatividad, el mismo que le permitió todas sus agonías y actitudes, sus ilusiones y desilusiones, su odio y su guerra, su rendición y su amargura.

Cuando el hombre busque el amor, en su jornada de regreso hacia su yo divino, encontrará a su Padre, su semilla, su eternidad. Y cuando el hombre busca a su Padre, su inmortalidad en el reino del siempre jamás está asegurada, yo os lo garantizo, pues cuando encuentre al Padre, éste no estará ahí simplemente esperándole. Él sabrá que una vez más lo único que tiene que hacer es reconocerse a sí mismo al margen de la tempestad de pensamientos que continuamente invaden la extensión de sus perímetros. Y una vez más se sentirá felizmente atrapado en el esplendor de Dios Todopoderoso, en su ser continuo y abundante.

¿Y qué le sucedió a la diosa Dove? Ella y sus descendientes no se convirtieron en hombres, sino en los seres de luz que serían los grandes creadores de las elusivas naves de luz y de la hermandad interestelar. Cuando el hombre sentado en el tronco se pregunte de nuevo dónde está la luz de Dios y mire a los cielos en busca de su divinidad —pues todos los hombres saben que allí se encuentra—, la diosa Dove y sus descendientes se reagruparán en el acto jubiloso de haber encontrado al Padre y haber sido uno con él una vez más.

Yo soy Ramtha el Iluminado, maestro extraordinario, tejedor de cuentos maravillosos y revelador de la verdad. ¿Y cómo sé yo estas cosas? Porque yo he sido todas estas cosas. Y en mi vida, la búsqueda de mi totalidad comenzó cuando me cuestioné la vida misma; de este modo, para convertirme en el Dios Desconocido, me convertí en las cosas que eran desconocidas para mí. Mi semilla nunca salió de mis genitales, nunca la he derramado. He tenido un cuerpo, pero no he tenido descendencia, no existe nadie que proceda de mi linaje.

Os amo enormemente, y a todos vosotros os he valorado en el lapso de tiempo que hemos pasado juntos, pues por vosotros y gracias a vosotros me he convertido en lo que soy. Todos esos lugares donde he estado, siempre os diré dónde están y cómo llegar a ellos. Y cuando otros os enseñen con acertijos y confundan a vuestra tierna alma, yo nunca haré eso, pues fue con mi propio esfuerzo como aprendí acerca del viento y del sol, la madre sol, y de los secretos de un gran árbol y la muerte de una anciana. Me convertí en todas estas cosas que yo aprendí en mi vida, pues lo desconocido para mí fue dónde se encontraba el Dios Desconocido. Y cuando otros traten de confundiros, podéis sentir la confusión si lo deseáis; pero, ¿cuántos sonetos, papiros, canciones, audiencias y cuanta pretensión hacen falta para poder apreciar esa estrella que cuelga de vuestro cielo? ¿Cuánta gente tiene que dedicarle todo su intelecto y complicarlo, cuando lo único que tenéis que hacer es salir ahí afuera y mirarla? Ella misma os hablará.
Así soy yo.

Yo estoy con todos vosotros, pues ahora soy el viento y la personalidad fugaz que vive en él. Yo soy la síntesis de la luz, pues vosotros, al no ver el viento, no podéis verme. Pero lo que yo he amado, vosotros podéis amar. Y el viento se mueve entre aquello que vosotros y yo hemos amado. Si queréis verme yo me convertiré en todas las cosas para vosotros, pues tengo el poder para hacerlo. Y me puedo convertir en verdad, en la anciana y el anciano, en una niña pequeña, y en el viento, pues yo ya no soy cautivo, ni estoy enamorado ni perdido en la limitación de un hombre pequeño sentado en un tronco; yo llevo conmigo las reflexiones de su corazón y su desesperación.

Yo, como el viento que soy, os puedo ayudar a todos. Si fuera simplemente lo que hay dentro de este cuerpo, haría muy poco por vuestra educación y conocimiento. ¿Por qué queréis verme? ¿Por qué queréis saber quién soy? Ahora, lo más importante no se encuentra en la delicadeza del cuerpo, sino en la delicadeza del Espíritu. Y todos aquellos que queréis verme, lo haréis, os lo aseguro, pues cuando lleguéis a mi reino yo estaré allí y me aseguraré de que hacéis vuestra transición. Y cuando sea el momento escucharéis mi voz y veréis el viento. ¿Y continuaré per-feccionándoos? En verdad lo haré, pues nunca seré lo que vosotros queréis que sea, de la misma manera que el viento nunca fue lo que yo quise que fuera; tuve que convertirme en él. Así es como voy a ser con todos vosotros.

Yo soy un señor virtuoso en mi inteligencia suprema. Yo he experimentado todas estas cosas, cada una de ellas. Y gracias a éstas he obtenido compasión y sabiduría y he desarrollado el amor. Vosotros sois mi familia, vosotros sois mi gran familia, pues yo nunca tuve descendencia a través de mi semilla. Y a cada uno de vosotros, y a vuestros suaves labios, manos y frentes, siempre os daré todo lo que el viento os pueda dar con su evasión y su atavío, pues ésa siempre ha sido mi promesa a todos vosotros.

Vivid vuestras vidas bajo el modelo de la paz absoluta, sin la complicación de las acciones que os puedan inculcar inteligencias ajenas. Vividlas con el propósito de aprender y saber, y cuando seáis sabios os convertiréis en cada faceta del honor y la sabiduría, y en el bien intencionado que se os ha enseñado, pues os elevaréis hasta el viento como yo lo hice. Y si aplicáis estos principios aunque sea una sola vez, y no surten efecto y decidís no continuar, entonces, queridos míos, ésa será vuestra pérdida desafortunada en ese momento, pero esperemos que sea la ganancia en el futuro. Todos estos principios funcionan, todos están gobernados por leyes precisas, con las cuales el Padre ha gobernado todas las cosas.

Ahora regresad a vuestros reinos, vuestras casas y vuestros mercados, y mirad de vez en cuando a vuestros cielos en la oscuridad. Dejad que ellos os recuerden quiénes sois. Nunca renunciéis a vuestro estandarte a causa de nadie, pues ya habéis visto las tragedias que esto ha causado en todos los tiempos. Recordar vuestra historia salvará vuestros mañanas. Aplicaos en las buenas obras. Y cuando miréis a vuestra estrella, vedla de cerca, y veréis que os sonríe. Ése soy yo.

Yo soy Ramtha el Iluminado, en verdad, sirviente de la Fuente, Dios Todopoderoso, vida maravillosa y fuerza del trueno. Yo soy el sirviente del Cristo que es el ideal perfecto del movimiento. Y yo soy vuestro sirviente, mis amados hermanos, pues vosotros sois todas estas cosas de las que os he hablado.

Ésta es mi despedida. ¡Que así sea!

Extracto de: Los orígenes de la civilización humana – Ramtha