El Hombre y el Karma. II

Una Experiencia Ashrámica dentro del proceso kármico de la vida.

Después de estas amplias visiones de conjunto, que a muchos pueden cansar, singularmente si poseen una mente muy concreta o intelectual, creo necesario extender el razonamiento hacia expresiones más asequibles. Aunque al trazar el rumbo de mis escritos, pienso siempre que hay que abarcar lo grande para mejor comprender lo pequeño y que el estudio profundo de lo pequeño puede llevar a la consideración clara y concreta de lo grande, nunca dejo un término vago en que la mente se sienta un poco desplazada del estudio. Utilizo siempre, como ustedes habrán podido comprobar, algunas pequeñas anécdotas o experiencias que situadas en el centro de grandes y pequeños razonamientos, permiten obtener una mejor visión o perspectiva de lo dicho o estudiado. Este proceso, lo he seguido, hablando de mi Ashrama, del mundo dévico, del Devachán, etc. 

Este estudio ofrece por sus características, muchas dificultades en el orden anecdótico, habida cuenta la enorme cantidad de factores que intervienen en la ordenación kármica de la vida de un ser humano.

Cuando les hablaba anteriormente de la vinculación kármica con mi Maestro, con quien es ahora mi Maestro, y que a través de vidas y muertes, “se cruzó muchas veces en mi camino o destino de perfección”, les estoy brindando el más claro indicio de la acción del Karma, a través del tiempo y de la sucesión de las edades.

Recuerdo muy vivamente la Atlántida, Grecia y Egipto. En India viví poco, kármicamente hablando, pero sé con toda certeza que la India me espera para culminar en ella una gloriosa fase de mi destino kármico. No sé cuando será ni me importa, pero estoy seguro de ello. Lo que allí haré y cómo desenvolveré allí la actividad jerárquica de la que yo ahora empiezo a ocuparme, tampoco me importa, pero soy testigo de una Jerarquía Planetaria en funciones y de que pienso, vivo y trabajo para ella.

Cada unos de ustedes “recordará en su debido tiempo el origen kármico de muchas vinculaciones” que ahora les parecen extrañas y hasta contradictorias, por la tremenda confusión del mundo astral que nos envuelve. Pero, llegará un momento cumbre en la vida de cada cual en que serán conscientes del valor de los hechos kármicos que se producen y de que el hecho mismo de haber establecido contacto con el Maestro y con los compañeros de grupo en el Ashrama, nos habla de una Ley que se cumple en el tiempo y aún a pesar del tiempo. Pueden variar los marcos, las épocas y las situaciones, pero llegará una vida en la que ÉL aparecerá claro y radiante a nuestra vista, y desde entonces empezará a alborear para cada uno de nosotros “el destino de una vida superior en la que Karma y sus Leyes” adoptarán un significado mucho más profundo y mucho más espiritual o impersonal que hasta aquí lo hemos venido considerando.

Recuerdo, sin confusión alguna, que el Karma que me une a mi Maestro y a R… mi gran amigo hindú, nació precisamente antes que Lemuria viniese a la existencia. Les estoy hablando pues no de miles, sino de millones de años. Pero les digo también que el tiempo no tiene importancia alguna, cuando se analiza la acción de los distintos acontecimientos con una visión orientada hacia “la gran Memoria Cósmica” o “Archivos Akáshicos” a los que se refieren los tratados esotéricos conocidos por muchos de ustedes.

Utilizando el Antakarana, este hilo sutilísimo de luz creado entre la conciencia inferior y la superior o causal, los acontecimientos pasados o futuros adquieren una proyección mágica o simultánea en esta síntesis del tiempo que llamamos “ahora”, y que es realmente de orden eterno.

Cada vez que escribo, persiguiendo una meta definida como la que tiene hoy por objeto de hablar sobre el Karma, adopto conscientemente este género o tipo de percepción. Así se clarifican para mí tanto el pasado como el futuro y puedo entresacar de esta “memoria viviente de la Naturaleza” cuanto preciso para la clarificación de mis ideas. Pero, no me entretengo en “el recreo de los recuerdos”, que ha sido el pecado y el castigo de muchos impacientes investigadores, sino que cierro voluntariamente mi percepción akásica una vez finalizado el registro de hechos.

Por ello insisto en que una vida esotérica es de orden tan puro e impersonal, aunque nos movamos en las limitaciones y estrecheces de la vida organizada de nuestra personalidad en los tres mundos, con sus veleidades y caprichos, esperanzas y temores, que es muy fácil mancillarla, aún cuando nos creamos hombres espirituales y hablemos constantemente de los Maestros y de la Jerarquía.

Analizando la vida desde este punto central de observación del “ahora eterno”, que es una síntesis de observación, pudimos seguir, en determinada fase de nuestra enseñanza ashrámica el destino kármico de dos vidas humanas, una de ellas actualmente en el Devachán y la otra en encarnación física. Pudimos seguir su rastro desde sus inicios, en una fase de vida lunar y utilizando cuerpos animales. Me sorprendió mucho que el Karma pudiera iniciarse en unas vidas carentes al parecer de conciencia, como en el caso de dos animales, muy parecidos a nuestros perros, aunque distintos en otros aspectos. El hecho de su forma no tiene mucha importancia en el desarrollo de los hechos que intento narrar, pero inicialmente me pareció insólito unificar Karma con inconsciencia. Pero el Maestro me ilustró sobre este punto diciéndonos que inconsciencia es sólo una fase de conciencia, y que el Karma de Dios, como centro y vida del Universo lo preside y ordena todo.

Por una extraña circunstancia aquellos dos animales poseían determinados gustos o aficiones dentro del círculo-no-se-pasa de su alma grupal, que pudimos observar en muy dilatadas proporciones. La afinidad se debía -según dijo el Maestro- a ciertas condiciones cuyo origen se hallaba encerrado en la propia alma grupal, de la misma manera que ciertas afinidades químicas producen relaciones de simpatía o de antipatía entre dos células de un mismo cuerpo. Pero, lo más importante del hecho era su expresión exterior, sus impulsos de reunirse, de estar juntos, pastar en compañía y de ayudarse mutuamente ante cualquier tipo de agresividad exterior provocada por otros animales de la misma especie o de otras especies distintas. Lo que nos interesaba era ese vínculo existente de SIMPATÍA que parecía emanar de una fuente original común.

No pretendo, ni puedo permitirme el lujo de explicarles detalladamente todas las incidencias kármicas de estas dos existencias afines, que pudimos observar como un punto iluminado de referencia de nuestras investigaciones. Comprendan también que la investigación era llevada por el propio Maestro y que nuestra atención debía estar concentrada en sucesos importantes en el devenir de aquellas vidas, pues no nos interesaba en modo alguno el proceso particular, sino el estudio del proceso kármico en sí, pues, como decía el Maestro, comprender aquel proceso que constituye el Karma es el proceso de la Vida del propio Dios latente en todo.

De una vida instintiva animal, bajo los auspicios de un alma-grupo animal habitante de la Luna, cuando la Luna era una viviente tierra como la nuestra, hasta la encarnación de muchas UNIDADES de esta alma-grupo como hombres en la tierra, después de un doloroso proceso de asimilación de experiencias kármicas, pasaron unos lapsos de tiempo considerables. Las dos unidades de conciencia a que nos estamos refiriendo pasaron por tremendas vicisitudes, como todos nosotros las habremos pasado por nuestra vinculación humana con el antiguo planeta, que hoy convertido en una esfera muerta y en permanente desintegración, llamamos Luna. Transcurrieron muchas edades y épocas evolutivas hasta que trazado su destino de manera más clara y definida, tuvimos oportunidad de contemplar algunas de sus encarnaciones humanas. Al principio pudimos verlos reunidos casi constantemente. Las primeras encarnaciones, antes de Lemuria, y utilizando cuerpos toscos y disformes, gigantescos y pesados, estuvieron siempre juntos. 

Así los vimos en la prehistoria, con un cuerpo definidamente humano, una veces como hombre y mujer, otras del mismo sexo, pero siempre participando de un destino kármico muy parecido. Perdimos su rastro, pues lo que el Maestro intentaba, era hacernos penetrar en el Misterio oculto del Karma y del origen secreto de todas las relaciones kármicas de la vida, hasta una época en la que juntos como marido y mujer, al principio de la era atlante vivieron en las planicies de Yucatán. Más tarde los vimos como hermanos en Egipto, hijos de una familia principal, pero en una época al parecer muy alejada todavía de la de los Faraones de las primeras dinastías.

Recuerdo que en una de sus encarnaciones los vimos otra vez como marido y mujer, aunque con el sexo invertido de acuerdo con otra encarnación anterior, en un lugar que según el mapa mundial que el Maestro hacía desfilar por nuestra imaginación para situar nuestra conciencia en la exactitud de los hechos, correspondía a Rusia, aunque nada externo, es decir, lo que conocemos de este país, tenía aparente relación con lo que estábamos presenciando. Rusia, un país frío, sobre todo en la región del mapa mental del Maestro correspondiente a Siberia, aparecía en el registro akáshico como un país tropical, con gigantescas palmeras, vegetación lujuriante y unas especies animales muy parecidas a las que corrientemente, viven en los países muy cálidos del planeta…

La última encarnación de estos dos seres, a la que accedimos por voluntad del Maestro se hallaba muy cerca de nuestra era actual, en un rincón de Francia y en la época de Carlomagno, es decir, unos 750 años después de Jesucristo, según el cómputo cristiano. Otra vez como marido y mujer los vimos estrechamente unidos y compenetrados como siempre, llevando con sus hijos, una existencia muy humilde y con escasos relieves desde el punto de vista del orden social.

Perdimos después su rastro hasta llegar a nuestro tiempo actual. Uno de estos dos seres se halla encarnado en Norteamérica, ocupando un lugar social relevante en el mundo de las letras. El otro se halla descansando todavía en el Devachán y por los síntomas observados alrededor de la esfera devachánica envolvente, su proceso de reencarnación no está muy lejano…

Como habrán ustedes observado, el proceso evolutivo de estas dos almas ha sido seguido sin atenernos a un orden cronológico o regular del tiempo, debido a que resultaría imposible aunque fuese solamente, con una mera indicación o con un simple indicio SEGUIR LA TOTALIDAD de este proceso, que llenaría páginas y más páginas debido a lo extensísimo del trayecto kármico.

Lo único que se ha intentado es marcar ciertas pautas, en orden a la idea básica del Karma. Muchos de los vacíos observados o aparente falta de continuidad de esta idea en ciertos aspectos, deberán lógicamente ser llenados por la atenta observación y estudio de ustedes mismos. Tendrán que acudir por tanto, al recurso de la intuición y al empleo de la ley de analogía, para aclarar convenientemente sus ideas, en torno a lo hasta aquí expuesto.

– Conclusión

Después de considerar el proceso de estas dos vidas, kármicamente enlazadas desde etapas tan lejanas, pueden formularse las siguientes preguntas:

1) ¿Es que todo el proceso kármico de la vida es igual, o sea, el enlace de egos o de grupos de egos, desde un buen principio de los tiempos?

2) ¿Por qué han sido escogidos estas dos almas mencionadas para dar una idea de lo que significa el Karma dentro de la vida humana?

3) ¿Hay alguna razón especial para ello? ¿Resuelve lo dicho hasta aquí la profunda y angustiosa interrogante de quién soy, de dónde vengo y adónde voy? ¿Tiene algún significado para nosotros la resolución de este terrible misterio?

Estas y otras preguntas más podrían ser formuladas, pues la capacidad del hombre de avanzar hacia adelante y hacia arriba está enraizada en el estímulo creador de toda posible interrogante, pues, tal como decía Cristo: “Llamad y se os abrirá”, “Pedid y se os dará”. La base misma de la evolución se halla implícita en toda su majestad y en todo su poder en la capacidad augusta de llamar a la puerta (de los misterios) y de pedir alimento (espiritual), es decir, preguntar constantemente el origen de las cosas y de uno mismo.

No, no hay una razón especial en haber escogido estas dos almas para corroborar gráficamente el alcance singular de la idea. Desde el plano causal y observando analíticamente el proceso kármico de cualquier ser humano, se le ve ordinariamente y desde un buen principio enlazado con otra alma por ley de misteriosa afinidad, cuya fuente es eterna, y sólo en la esplendente vida de la Mónada, o Espíritu Puro, puede ser plenamente comprendida, pero utilizando como siempre la analogía, y observando los organismos unicelulares de las primitivas corrientes de vida y su paulatina escisión o división en dos partes iguales, podrían hallar un punto céntrico de referencia. La afinidad química nos da más adelante otra clave de este proceso, tal como anteriormente he señalado. 

Pero, ateniéndonos a la pregunta principal, yo diría que algo parecido a la escisión del UNO en DOS, y posteriormente del DOS en TRES, que dan origen al principio mismo de la evolución desde sus fuentes cósmicas, para seguir adelante con el SIETE, el DIEZ y el DOCE, se realiza en las fuentes originales de la vida humana. Pues, una unidad de vida partida en dos, llevará prendida siempre en cada una de las dos partículas el sello íntimo de aquella unidad primaria que ambas constituían. El principio mismo del Karma como ley y como principio de evolución se inicia pues en el UNO, que se escinde en dos, representando cada una de las partes divididas el sello o impronta del Espíritu o de la Materia. 

Por ello la función del Karma a través del tiempo es unificar Espíritu y Materia, el dos se resolverá en UNO, una fase evolutiva del Universo habrá terminado y otra fase praláyica de descanso cósmico se iniciará, dejando el karma en suspenso, teñido el éter con el color de sí mismo a la expectante espera de un nuevo período de actividad. Esto puede parecer muy abstruso y complicado, pero no lo es, si ejercitan ustedes la analogía en sus discernimientos.

El hecho de que ambas partes surgidas de un universo macrocelular con uno en funciones y resuelto ulteriormente en dos por analogía del proceso macrocósmico, no sigan idéntica trayectoria dentro del dilatado esquema evolutivo, se debe al hecho mismo de tendencias primarias y a la diversificación de experiencias, como en el caso reseñado de dos almas en evolución distinta, pero unidas por un lazo más fuerte que el tejido por los hilos del tiempo. Las dos almas aludidas, si bien no fueron escogidas al azar, pues el azar no existe para el esoterista, representan al menos o simbolizan, parte de un proceso que si no es enteramente igual para todas las almas, sí es muy semejante en líneas generales.

Tenemos por otra parte, que la tendencia de los seres humanos hacia su Arquetipo superior, el Ángel Solar, o sea, este infinito anhelo de reconstruir la unidad esencial de que formaban parte es una expresión de la ley misma de la evolución. El proceso de la iniciación que a través de las distintas purificaciones conduce a esta unidad, viene marcado por períodos muy definidos en que el principio masculino y el principio femenino consustanciales en todo ser humano, llegan un día a unificarse dentro de un ser andrógino capaz de crear desde el fondo de sí mismo todo cuanto el poder creador de la Mente divina es capaz de inspirarle. 

Siguiendo el proceso hasta sus últimas consecuencias en orden a nuestra comprensión humana, vemos dentro de nuestra más dilatada perspectiva la tarea creadora que se halla al final de todo proceso evolutivo: la reproducción de nuevos Universos pues, si somos realmente conscientes, apreciamos que el Espíritu Creador y la Materia Virgen del Espacio, más la experiencia resultante del proceso evolutivo en un Universo anterior son en realidad una Unidad indescriptible que se escindirá perpetuamente en dos, para llenar el marco insondable del espacio absoluto de nuevos, más variados y perfectos universos.

Comprendan también que pasar de ahí sería querer hurgar en las nebulosidades indescriptibles del Misterio. Queda no obstante algo aclarada la triple pregunta que se formula todo verdadero investigador de las leyes de la Vida: ¿Quién soy? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? La analogía debe hacer el resto. No hay que esperar conclusiones concretas en torno a algo tan sutilísimo como es el principio o raíz de nosotros mismos y la ley de karma que ajusta constantemente a través del principio de Causa y Efecto, todas las posibles situaciones, pero si perseveramos en el intento y no nos dejamos impresionar por la grandiosidad de ciertas revelaciones y seguimos adelante con la mente y el corazón intrépidos hacia la meta presentida, adquiriremos una medida de gozo desconocida que nos compensará con creces de la inquietud y del tormento de toda sincera y potente búsqueda.

EL HOMBRE Y EL KARMA
V.B.Anglada

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Los accidentes no existen

Los accidentes no existen. Nadie muere, por ningún concepto, sin que esté preparado para morir. Esto se aplica tanto a la muerte en una catástrofe natural como en cualquier otra circunstancia.

Vosotros mismos elegís la forma en que moriréis, así como también el momento. Tratamos aquí con vuestras creencias tal como las conocéis en esta vida, y dejaremos para más adelante cualquier transmisión de creencias que pueda tener lugar de otras existencias. Pero, sean cuales sean las creencias que aceptéis, por las razones que sean, vuestro punto de poder “está” en el presente.

Es mucho más importante que entendáis esto y no que os preocupéis demasiado con las intrincadas «razones del pasado», porque un enfoque negativo puede haceros olvidar que estas creencias pueden cambiarse en el presente. Por diversas razones, albergáis creencias que podéis alterar en cualquier momento. Muchas personas mueren jóvenes, por ejemplo, porque creen firmemente que la vejez representa una degradación del espíritu y un insulto al cuerpo. No “quieren” yivjr en las condiciones en que creen que estarán durante la vejez. Algunos prefieren morir en lo que otros considerarían las circunstancias más angustiosas, arrastrados por las olas de un océano, o aplastados en un terremoto, o abatidos por los vientos de un huracán.

La muerte lenta en un hospital, o una experiencia con una enfermedad, sería algo impensable para tales personas. Parte de ello tiene que ver con el temperamento individual, y con diferencias y preferencias normales entre las personas. Hay mucha más gente consciente de su muerte inminente de lo que en general se cree. Lo saben, y fingen no saberlo, pero los que mueren en catástrofes naturales eligen la experiencia, el drama, incluso el terror. Prefieren abandonar la vida física en un arrebato de percepción, luchando por su vida, como un desafío, debatiéndose y no aceptándolo

Los desastres naturales poseen la gran energía evocadora de los poderes desatados, de la naturaleza que elude la disciplina del hombre, y por sus mismas características también le recuerdan a éste su propia psique; a su manera estos sucesos siempre implican el nacimiento de cierta creatividad que surge de las entrañas de la tierra y reforma su faz y la vida de los hombres.

Las reacciones individuales obedecen a este conocimiento innato; pues, a pesar de que el hombre teme el poder desatado de la naturaleza y trata de protegerse de él, al mismo tiempo se “deleita” en ella y se identifica con ella. Cuanto más «civilizado» se vuelve el hombre, más lo separan sus estructuras y prácticas sociales de su relación íntima con la naturaleza, y más catástrofes naturales habrá, porque en el fondo siente una gran necesidad de identificarse con la naturaleza; él mismo “la hará aparecer” en forma de terremotos, tornados e inundaciones, de modo que pueda sentir una vez más no sólo la energía de la naturaleza, sino la suya propia.

Como ningún otro suceso lo hace, un gran encuentro con toda la energía de los elementos de la naturaleza sitúa al hombre frente a frente con la increíble fuerza de la cual él emana.

A muchas personas una catástrofe natural les brinda su primera experiencia personal de la realidad de su relación como criaturas con el planeta. En estas condiciones, hombres que no se sienten parte de algo, de ninguna estructura, familia o país, pueden comprender de repente su camaradería con la tierra, su lugar en ella y su energía; el súbito reconocimiento de esa relación les hace sentir su propio poder para la acción.

En un ámbito muy distinto, a menudo los motines sirven al mismo propósito, y la liberación de energía, por las razones “que sean”, lleva a un grupo de personas al reconocimiento íntimo de que hay una vitalidad enormemente concentrada, algo que tal vez no habían conocido antes.

Este reconocimiento puede conducirlos -como ocurre a menudo- a aprehender su propia energía y a utilizarla de una manera muy creativa. Una catástrofe natural o un motín son baños de energía, potentes y sumamente positivos a su manera, “a pesar” de sus evidentes connotaciones. A “vuestro” entender, esto no absuelve en absoluto a quienes incitan revueltas, por ejemplo, ya que actúan dentro de un sistema de creencias conscientes en el que la violencia genera más violencia. Pero incluso en este caso tienen cabida las diferencias personales. Los incitadores de revueltas suelen buscar la manifestación de una energía que creen no poseer. Encienden fuegos psicológicos, y quedan tan desconcertados por los resultados como cualquier piró-mano. Si entendieran el poder y la energía que poseen y pudieran experimentarlos, no necesitarían esas tácticas.

Así como los problemas raciales pueden solucionarse de muchas maneras, mediante una revuelta o un desastre natural, o mediante una combinación de ambos, según la intensidad de la situación a nivel psicológico; y así como los síntomas físicos pueden ser peticiones de ayuda y reconocimiento, también las desgracias naturales pueden ser utilizadas por una parte de los habitantes de un país, o del mundo, para obtener ayuda de otras partes.

Evidentemente, hay muchas revueltas que se instigan conscientemente. Pero, sin duda, no ocurre que miles o millones de personas decidan conscientemente provocar un huracán, una inundación o un terremoto. En primer lugar, no creen conscientemente que semejante cosa sea posible. Aunque las creencias conscientes desempeñan un papel importante en estos casos, individualmente el «trabajo interno» se realiza de un modo tan inconsciente como los síntomas físicos que produce el cuerpo. Así como los síntomas parecen haber sido impuestos al cuerpo, “parece” que un desastre natural se impone al cuerpo de la Tierra. Las enfermedades repentinas se consideran aterradoras e impredecibles, y se supone que el paciente ha sido tal vez víctima de un virus. Los tornados o terremotos repentinos se observan bajo la misma luz, y se consideran el resultado de las corrientes de aire y la temperatura o de las fallas, en vez de virus. Las causas básicas de ambos casos, no obstante, son las mismas.

Así pues, hay tantas razones para las «enfermedades de la tierra» como enfermedades corporales. Hasta cierto punto lo mismo puede decirse de las guerras, si es que se considera la guerra como una pequeña infección; en el caso de una guerra mundial es una enfermedad colectiva. La guerra finalmente os enseña a honrar la vida. Las catástrofes naturales os recuerdan que no podéis hacer caso omiso de vuestro planeta o de vuestra condición de criaturas. Al mismo tiempo, estas experiencias proporcionan un contacto con las energías más profundas del ser, aun cuando se usen «destructivamente».

Ahora bien, los desastres naturales se producen más a un nivel emocional que en el de las creencias, a pesar de que estas últimas desempeñan un papel importante ya que generan las emociones.

El tono emocional general o nivel de sentimiento colectivo, a través de sus conexiones corporales con el entorno, provoca las condiciones exteriores físicas que inician semejante embestida de energía natural. Según las condiciones emocionales generales, los excesos se van acumulando físicamente, y luego se arrojan a la atmósfera con otra forma. Aquí intervienen las sustancias químicas fantasmas mencionadas anteriormente, así como las propiedades electromagnéticas de las emociones. Una roca en un río dividirá el agua, que deberá fluir alrededor del obstáculo.

Vuestras emociones son tan reales como las rocas. Vuestros sentimientos colectivos afectan el flujo de la energía, y su fuerza puede apreciarse claramente en una tormenta, que es la materialización local “exteriorizada” del estado emocional interno de las personas que experimentan la tormenta.

Así como las creencias conscientes determinan vuestra condición corporal, y así como el mantenimiento del cuerpo se realiza a un nivel inconsciente (aunque en consonancia con las creencias), también las catástrofes naturales son el resultado de las creencias, que originan estados emocionales que luego automáticamente se transforman en condiciones atmosféricas exteriores.

Así pues, según vuestras creencias, afrontaréis el problema físico presentado de esta forma. Reaccionaréis individualmente con vuestros propósitos en mente. Vuestras creencias, únicas y eminentemente privadas, contribuyen a provocar el estado emocional general. La reserva de energía emocional hacia la que fluyen vuestras emociones, no obstante, está compuesta de cargas emocionales “desiguales”; pero, en términos generales, la contribución individual de todos los que participan en ella desembocará en una estructura coherente que dará impulso y dirección a la tormenta, y le brindará su carga energética y su poder.

Tal como mencioné anteriormente en este libro, Ruburt y Joseph se vieron implicados en una inundación, así que utilizaré ese ejemplo y esta región en particular, a pesar de que la inundación en sí fue más extensa.

Localmente se compartían ciertas creencias: la región de Elmira sufría una depresión económica y se consideraba un barrio satélite del estado de Nueva York, aunque la situación no era lo suficientemente mala para recibir ayudas. La industria se había trasladado a otras zonas. Se despedía a la gente, desaparecían los viejos modos de ganarse la vida. No había un liderazgo local que inspirase confianza, y muchas personas se sentían mal e incómodas, deprimidas y sin salida alguna.

Algunos proyectos de renovación urbana acabaron con las casas de los pobres, y se destruyeron vecindarios muy antiguos. Esto acarreó una división social, ya que el grupo de los más pobres lo constituían negros y blancos de «clase baja». Los más acomodados formaban parte del Ayuntamiento, y los pobres desplazados no podían pagarse un hogar en los nuevos edificios. Mediante varias manipulaciones, todas bajo mano, se los apartó de los «mejores» barrios.

Los ricos y la gente pudiente se sentían amenazados, ya que su búsqueda de modernidad y progreso había alterado el statu quo, y ello había desatado la energía de los más necesitados. Se produjo un movimiento de las clases medias de la ciudad hacia los barrios periféricos, lo que supuso un cambio en el equilibrio impositivo, y un desbarajuste del comercio de la ciudad. La localidad no tenía un sentido de unidad como región, ni un sentimiento de orgullo como identidad cultural o natural.

Había también cierta tensión racial, indicios de revueltas inminentes que no llegaban a ocurrir. Un alcalde muy competente que había ocupado ese cargo durante algún tiempo salió derrotado en las elecciones. La política hizo su aparición, por varias razones que ahora no vienen al caso. Los vecinos con inclinaciones políticas sentían que no tenían ningún control de la situación, de modo que no cabía esperar una comunicación “eficaz” con el gobierno federal. En este sentido, se desarrolló una fuerte sensación de impotencia.

Culturalmente, la región no tenía una identidad propia, a pesar de que siempre ha luchado por hallar algún tipo de expresión característica, y la gente veía que los fondos gubernamentales se destinaban a otros sectores económicamente más deprimidos. Los vecinos albergaban sueños y esperanzas a nivel individual, y, colectivamente, éstos representaban una visión regional de mejora en diversas áreas. Al mismo tiempo, creció el sentimiento de desaliento. Jóvenes y viejos, tradicionalistas y rebeldes, se vieron envueltos en pequeñas escaramuzas, cuando algunos padres de la ciudad criticaron a los jóvenes de pelo largo en el parque; incidentes triviales, pero indicativos de una división de valores y una falta de comprensión entre generaciones.

Hasta cierto punto, estos mismos problemas existían en todas los barrios de la Costa Este que se vieron envueltos en esta misma inundación.

En vez de una inundación, podría haber habido una desastrosa revuelta social. Pero, debido al tono sentimental característico y único de la situación, las tensiones emocionales se descargaron en la atmósfera, donde se transformaron automáticamente. Una catástrofe natural podía proporcionar muchas respuestas. El río [Chemung] estaba muy céntrico, justo en el corazón de la parte comercial [de Elmira], por ejemplo.

Así como ciertos pueblos primitivos bailan la danza de la lluvia y la provocan conscientemente, dirigiendo deliberadamente las energías inconscientes, los habitantes de estas localidades hicieron lo mismo “automáticamente”, sin ser conscientes de los procesos implicados.

Así pues, generaron las nubes mediante un impulso inconsciente, liberando espontáneamente su estado emocional biológico, de modo que el exceso de reacciones químicas y hormonales afectó directamente a la atmósfera.

Poco tiempo antes, ciertas organizaciones religiosas locales habían hecho planes para organizar un gran encuentro religioso. Se aseguró la presencia de varios seguidores de un popular grupo religioso, y se dio bastante propaganda al evento. Tampoco esto fue accidental. Fue un intento por parte de ciertas sectas fundamentalistas para solucionar los problemas de otro modo, mediante la identificación religiosa, la conversión y el fervor.

Pero las creencias sobre las que se basaban estos planes no guardaban ninguna correlación con las creencias de la gran mayoría de la población, y por tanto el intento fracasó. El programa “estaba” basado en un conocimiento precognitivo de la inundación. La campaña religiosa no llegó a realizarse porque la organización evangelista se dejó atemorizar por la inundación.

Muchas personas de la comunidad religiosa alegaron que la inundación fue la voluntad de Dios, o que las personas habían sido castigadas por sus transgresiones. A su manera la inundación fue un evento religioso, ya que unió con la comunidad a diversos grupos de personas que no siempre eran muy humanitarios. Curiosamente, también sirvió para aislar a ciertos grupos de personas, y para sacar a la luz sus dificultades de una forma como no lo habría podido ninguna revuelta.

También humilló a algunos, al privarlos de las comodidades de su posición social y sus pertenencias, al menos momentáneamente, lo que los puso cara a cara con otras personas de diversos orígenes con quienes nunca se habrían relacionado.

Las crisis como éstas ponen de relieve diversas perspectivas de la realidad, ya que sale súbitamente a la luz lo que antes yacía oculto. En muchos casos, los pobres se salvaron, ya que la mayoría de los edificios viejos y bloques de apartamentos resistieron, mientras que los nuevos chalés no pudieron aguantar la embestida del agua. Muchos de los desposeídos necesitados acudieron a refugiarse al edificio universitario de Elmira. Mujeres que hasta entonces no tenían más propósito en la vida que jugar al bridge acabaron luchando por su supervivencia junto a sus hermanas más miserables. Muchos de los pobres que perdieron su alojamiento descubrieron en sí mismos sorprendentes dotes de liderazgo.

La zona del centro de la ciudad vio materializarse físicamente sus dificultades internas, que, aunque conocidas, siempre habían permanecido ocultas. La inundación la dejó en un estado semirruinoso y necesitada de ayuda urgente. El gobierno local se vio enfrentado de repente a una realidad que tenía poco que ver con sus habituales actividades legislativas. La crisis unió a las personas. La sensación de impotencia salió a la superficie para que todos la pudieran contemplar, y así proceder a la acción.

Hubo personas mayores, cargadas con creencias negativas sobre la vejez, que descubrieron una gran vitalidad y propósito bajo el estímulo de la supervivencia. Hubo personas cegadas por una creencia en la suprema importancia de las “cosas” que vieron cómo no les quedaba nada. Se dieron cuenta de la importancia relativa de las pertenencias, y sintieron dentro de su interior la emoción de una libertad que no habían experimentado desde la juventud.

La «enfermedad» oculta de la zona se hizo evidente para todos. La gente llegó de todas partes para ayudar. Por una vez, la solidaridad pasó por alto la estructura social. Los patrones de existencia establecidos se habían borrado en un día. En una u otra medida, cada persona involucrada en el suceso vio claramente su relación personal con la naturaleza de su vida hasta el momento, y percibió su afinidad con la comunidad. Además, todos sintieron la energía “perdurable” de la naturaleza y, pese a su “aparente” falta de previsión, la inundación les recordó la gran estabilidad permanente en que se basa la vida normal.

La fuerza del agua puso a cada individuo en contacto con un reconocimiento íntimo de su dependencia de la naturaleza, y le hizo cuestionar valores que durante mucho tiempo había dado por supuestos. Tales crisis fuerzan automáticamente a las personas a examinar sus valores, a efectuar elecciones inmediatas que les procuran ciertos reconocimientos a los que antes habían estado ciegos.

La inundación, por tanto, materializó físicamente los problemas internos de la región, y a la vez liberó energías que habían estado atrapadas en la desesperanza.

La zona se convirtió en un punto focal de atención psíquica y física, lo que “atrajo” otra energía. Cada persona involucrada en el suceso tuvo sus propias razones para participar en él, y gracias a esa situación creada colectivamente pudo solucionar problemas particulares.

Muchas creencias antiguas se esfumaron automáticamente ante la realidad del momento. Incontables personas dieron salida a su capacidad de acción y de iniciativa, enterrada desde hacía mucho tiempo. Se asignaron fondos federales inmediatamente a esta región, que se convirtió en un foco de atención. Muchas personas solas se vieron forzadas -o más bien se forzaron ellas mismas- a pasar por una situación en la que se hizo imperativo que se relacionaran con los demás. Como éste no es el tema principal de este libro, no puedo adentrarme más en él.

No obstante, hablaremos de la experiencia de Ruburt y Joseph con la inundación, ya que su participación puede arrojar luz a la experiencia de muchas otras personas.

Extracto de Habla Seth III
A través de Jane Roberts

Ajai Alai – Mirabai Ceiba

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Este mantra trae una gran sensibilidad hacia el Ser, que le dará el poder de que lo que usted diga debe suceder. Cuando canta este mantra tiene el poder para superar cualquier cosa Letra:
AJAI ALAI ABHAI ABAI – Invencible, indestructible, sin miedo, en todas partes
ABHU AJU ANAAS AKAAS – No nacido, por siempre, indestructible, dentro de todo
AGANJ ABHANJ ALAKH ABHAKH – Invencible, indivisible, invisible, libre de necesidades
AKAAL DEYAL ALEKH ABHEKH – Inmortal, bondadoso, inimaginable, sin forma
ANAAM AKAAM AGAAH ADHAAH – Sin identidad, libre de deseo, insondable, indañable
ANAATHE PRAMAATHE AJONI AMONI – Sin maestro, destructor de todo, más allá del nacimiento y muerte y el silencio
NA RAAGE, NA RANGE, NA RUPE, NA REKHE – Más allá del amor, más allá de la forma y el color
AKARMANG ABHARMANG AGANJE ALEKHE – Más allá del karma, más allá de la vida, inconquistable, indescriptible

Enfocados en el concepto de que podemos crear

Queridos maestros y hermanos ¿Enfocados en el concepto de que podemos crear nuestra realidad, a partir de LA CAUSA Y EFECTO, es decir por ejemplo que al proyectar amor desde nuestro corazón hacia los demás declarando en presente y positivo que estamos sanos y que somos felices, esto puede desactivar la acción negativa de la enfermedad, en este caso “colectiva” convirtiéndola instantáneamente en salud? (María)

Deberán entender que en la realidad donde ustedes viven la palabra “instantáneo” no existe. Ustedes viven en una realidad lenta, tardía y muy adormecida, éste es el problema crucial de sus vidas y por esta razón ustedes “sufren”. Cuando la vibración del deseo positivo es emanada en forma de energías-pensamientos, estas se demoran hasta desencadenar su realización, ya que para que ustedes obtengan los resultados positivos, deberán esperar que les llegue la onda vibratoria del deseo y éste es lento, porque las energías-pensamientos que lo generaron son también lentos, ya que toda esa energía se está moviendo dentro de una dimensión primaria, la cual no los ayuda a plasmarse y ejecutarse con la debida rapidez del deseo-pensamiento. 

En pocas palabras queremos decir, que el deseo positivo, la proyección de amor hacia los demás, la emanación de salud y felicidad que ustedes irradian a través de las ondas vibratorias positivas de sus energías-pensamientos… DARÁN LOS RESULTADOS ESPERADOS… pero no instantáneamente, si no tomará su tiempo para plasmarse, significa que la onda vibratoria del deseo positivo pueda alimentar a todos los seres del planeta. Solo aquí podrán tener la seguridad que LA CAUSA DEL DESEO-POSITIVO Y LA PROYECCIÓN DE AMOR FORMÓ UN EFECTO DE SALUD.

Es muy importante que el concepto del DESEO sea muy bien entendido. DESEAR algo, no solo es pensarlo y emanarlo, esto nosotros lo llamamos FANTASÍA porque no se ha concretizado… DESEAR significa… HACERLO REALIDAD… plasmarlo y ejecutarlo en la realidad en que viven.Imaginémonos por un instante que todos los seres del planeta proyectaran amor por los demás, emanando energías-pensamientos de: Respeto, salud, cordialidad, humildad, franqueza, sinceridad, hermandad, bienestar etc. Si la vida en el planeta fuera así, no estaríamos hablando de sufrimiento, enfermedades, hambre, pobreza, penurias, desdichas, desgracias, gripes mortales, epidemias, plagas etc. Estaríamos hablando de: Belleza, salud, amor, amistad, hermandad, fraternidad, unión, armonía, respeto, fortuna, prosperidad, tranquilidad, paz, seguridad, etc. Y si ustedes vivieran “pensando, emanando y plasmando” energías de conocimiento, entendimiento y amor, las energías-pensamientos-negativas serían erradicadas del planeta por siempre jamás… 

Pocos son aquellos que lo entienden y pocos aquellos que emanan sus energías-pensamientos llenos de AMOR… por esta razón ustedes continuarán “sufriendo” hasta entender que la energía-negativa-cinabria: Corroe, aniquila, oxida, enmohece, carcome y arrasa todo lo que encuentra a su paso, produciendo en su camino DOLOR, PADECIMIENTO, TORMENTO, MALESTAR, TORTURA, MARTIRIO, PENA, AFLICCIÓN, LÁGRIMAS, AMARGURA y mucho más… Sentimos mucho hablarles de esta manera, siempre seremos directos, crudos y verdaderos cuando ustedes formulen sus preguntas. Tendrán que entender la realidad en que viven y de la seriedad de estos temas. Si no logran comprenderlo, entonces continuarán viviendo en la fantasía que ustedes mismos han creado para no confrontarse con la verdad. 

(El Ser Uno – 3/5/09)
http://www.elseruno.com/

Elegir. Los sucesos que se materializarán físicamente

Lo que debéis entender es esto: cada uno de los sucesos en cada una de vuestras vidas fue «alguna vez» “probable”. A partir de un campo de acción determinado, elegís los sucesos que se materializarán físicamente.

Esto ocurre a nivel individual y colectivo. Imaginad que hoy entran a robar en vuestra casa. Ayer, el robo era uno de muchos sucesos probables. Elijo este ejemplo porque entra en escena más de una persona: la víctima y el ladrón. ¿Por qué vuestra casa fue saqueada, y no la del vecino? De un modo u otro, atrajisteis ese suceso con vuestro pensamiento consciente, y lo llevasteis de la probabilidad a la realidad. El suceso es una acumulación de energía convertida en acción y materializada como resultado de las creencias.

Tal vez estéis convencidos de que la naturaleza humana es malvada, o que nadie está exento de la agresión de los demás, o que las personas están motivadas principalmente por la codicia. Estas creencias atraen su propia realidad. Si tenéis cosas de valor que perder, automáticamente os convencéis de que alguien os lo arrebatará, o que hará lo posible para arrebatártelo. A vuestra manera, enviáis mensajes a una persona así. Básicamente vuestras convicciones son bastante parecidas, pero uno se considera a sí mismo la víctima y el otro el agresor; es decir, cada uno de vosotros reacciona de modo distinto al mismo conjunto de creencias, pero ambos sois necesarios para que se cometa un delito de ésta índole.

Las creencias de ambos hallarán justificación en la vida física, y no harán más que reforzarse. El temor a los robos atrae a los ladrones. Pero, si creéis que los hombres son malvados, no tenderéis a verlo como una creencia, sino que lo consideraréis como una condición de la realidad.

Toda vuestra experiencia presente partió de una realidad probable. A lo largo de la vida, cualquier suceso debe pasar por vuestra esencia como criaturas vivas, con el innato reconocimiento del tiempo, que es una parte importante de vuestra estructura neurológica; normalmente se produce un retraso, un lapso en el tiempo, durante el cual las creencias producen la realización material. Cuando tratáis de cambiar vuestras convicciones con el fin de cambiar vuestra experiencia, tenéis que detener primero el impulso acumulado, por decirlo de alguna manera. Estáis cambiando los mensajes, mientras que el cuerpo está acostumbrado a reaccionar dócilmente a una serie establecida de creencias.

La actividad consciente provoca los sucesos mediante la estructura neurológica, en un flujo continuo y regular, y se establece una pauta habitual de reacciones. Cuando alteráis estas creencias conscientes con esfuerzo, se requiere un período de tiempo hasta que esa estructura aprende a adaptarse a la nueva situación preferida. Si las creencias se cambian durante la noche, en proporción se precisa menos tiempo. En cierto modo, cada creencia puede verse como una potente emisora, que atrae distintos campos de probabilidades y selecciona aquellas señales con las que está sintonizada, a la vez que rechaza las demás. Cuando colocáis una nueva emisora, durante cierto tiempo puede haber algunas interferencias o filtraciones de otra anterior.

Así pues, cualquier facultad que tengáis puede «captarse más claramente», amplificarse y materializarse en la práctica en vez de seguir siendo probable. Pero en este caso debéis concentraros en la facultad y no en el hecho de que no la hayáis utilizado bien hasta el momento. Un pintor produce una serie de obras a lo largo de su vida. Cada cuadro no es más que una materialización concreta de una variedad infinita de cuadros “probables”.

Pero el trabajo real de seleccionar la información se hace según las creencias de la mente consciente del artista acerca de quién es él, cuan bueno es como pintor, qué “clase” pintor es, a qué «escuela» de creencias artísticas se acoge, sus ideas sobre la sociedad y su lugar en ella, y los valores estéticos y económicos, por nombrar unas pocas.

Algo muy parecido ocurre en la concreción de cualquier suceso en el que estéis implicados. Por tanto, creáis vuestra vida. Las imágenes internas son de gran importancia para el artista, quien trata de proyectarlas en el lienzo. Repito que cada uno de vosotros es su propio artista, y vuestras visualizaciones internas constituyen modelos de otras situaciones y sucesos. El artista recurre a lo que ha aprendido y mezcla sus colores con el fin de dar a su pintura una materia artística. Las imágenes de la mente atraen toda la energía emocional y el poder necesarios para “darles” cuerpo como sucesos físicos.

Podéis cambiar el cuadro de vuestra vida en cualquier momento; basta con que comprendáis que no es más que el retrato de vosotros mismos que habéis creado a partir de una cantidad ilimitada de retratos probables. El aspecto peculiar de vuestros retratos probables es característico vuestro, y de nadie más.

Las facultades y condiciones diversas que queráis ver realizadas ya están latentes y a vuestra disposición. Suponed que no tenéis salud y la deseáis. Si comprendéis la naturaleza de las probabilidades, no necesitaréis “fingir” que hacéis caso omiso de vuestra situación actual. En lugar de ello la reconoceréis como una realidad probable que habéis materializado físicamente. Con esta convicción, empezaréis el proceso necesario para llevar una probabilidad distinta a la experiencia física.

Para ello os concentraréis en lo que queréis, pero sin sentir ningún conflicto entre eso y lo que sois, porque una cosa no contradecirla a la otra; cada una se verá como un reflejo de una creencia en la vida diaria. Así como llevó algún tiempo dar forma a vuestra imagen actual con sus aspectos enfermos, también llevará tiempo cambiarla. Pero “concentrarse” en la situación actual de enfermedad sólo la prolongará.

Cada condición es tan real o irreal como la otra. ¿Qué yo? ¿Qué mundo? Vuestras probabilidades se encuadran dentro de ciertos marcos de referencia que habéis elegido como parte de vuestra condición de criaturas. El pasado y el subconsciente, tal como los concebís, tienen poco que ver con vuestra experiencia presente aparte de vuestras creencias sobre ellos. Vuestro pasado contiene momentos de alegría, fuerza, creatividad y esplendor, así como también episodios de infelicidad, desesperación, confusión y crueldad. Vuestras convicciones actuales actúan como un imán y activan todas esas cuestiones pasadas, felices o tristes. Elegís de vuestra experiencia previa “todos” los sucesos que refuerzan vuestras creencias conscientes, y desecháis los que no lo hacen, los cuales incluso pueden parecer inexistentes.

Tal como mencionamos, los recuerdos que surgen ponen en funcionamiento los mecanismos del cuerpo y unen el pasado y el presente en una especie de cuadro armonioso. Esto significa que las piezas encajarán tanto si son alegres como si no.

Esta unión del pasado y el presente os predispone a sucesos futuros similares, ya que os habéis preparado para ello. Así pues, el cambio altera el pasado y el futuro. Debido a vuestra organización neuro-lógica, el presente es evidentemente el único punto a partir del cual podéis cambiar el pasado y el futuro, y hacer efectiva la acción.

No estoy hablando simbólicamente. Vuestras reacciones presentes modifican vuestro pasado y vuestro futuro en los niveles más íntimos. Se producen alteraciones en el cuerpo. Varían algunos circuitos dentro del sistema nervioso, y energías que escapan a vuestra comprensión buscan nuevas conexiones a niveles mucho más profundos y lejos de la conciencia.

Vuestras creencias actuales rigen la ocurrencia de los sucesos. Cada persona da forma a la creatividad y la experiencia a cada momento.

Debéis comprender que vuestro presente es el punto en el que la carne y la materia se unen con el espíritu. Por tanto, el presente es vuestro punto de poder en vuestra vida actual, tal como la entendéis. Si le atribuís más fuerza al pasado, os sentiréis capaces y os privaréis de vuestra propia energía.

Como ejercicio, sentaos con los ojos abiertos, observad a vuestro alrededor, y pensad que este momento representa el punto extremo de vuestro poder, por cuyo intermedio podéis afectar tanto a los sucesos pasados como a los futuros.

El presente que veis, con su experiencia física íntima, es el resultado de la acción en “otros” presentes parecidos. No os dejéis intimidar por el pasado o el futuro. No tenéis por qué proyectar en el futuro los aspectos desagradables de vuestra realidad actual; esto “sólo” ocurrirá si empleáis el poder del presente para hacerlo.

Si aprendéis a adquirir ese sentimiento de poder ahora, podéis utilizarlo con eficacia para alterar vuestra situación vital de la forma que elijáis (como ya dijimos dentro de las limitaciones establecidas por vuestra condición de criaturas). Si habéis nacido sin un miembro del cuerpo, por ejemplo, vuestro poder en el presente no puede regenerarlo automáticamente en “esta” vida, a pesar de que en otros sistemas de realidad poseéis ese miembro.

Las condiciones externas siempre pueden cambiarse si comprendéis los principios a los que me refiero. Pueden eliminarse las enfermedades, incluso las que parecen terminales, pero sólo si se eliminan las creencias que las sustentan o se alteran lo suficiente para que su efecto específico sobre el cuerpo desaparezca. Desde un punto de vista práctico, lo que llamáis presente es el punto en el que seleccionáis vuestra experiencia física de entre todos los sucesos que “podrían” materializarse. Vuestras circunstancias físicas cambian automáticamente cuando lo hacen vuestras creencias. Cuando aumenta vuestro conocimiento, vuestra experiencia se vuelve más completa. Esto no significa “necesariamente” que haya una uniformidad o que no se produzcan altibajos. Cada aspiración presupone la admisión de una carencia, cada desafío presupone un obstáculo por superar. Los más aventureros suelen elegir desafíos mayores, por lo que, en su mente, el contraste entre lo que quieren alcanzar y su situación actual puede parecer insuperable.

En todo caso, el “punto de poder” es el presente, y desde éste elegís qué yo, y qué mundo. La experiencia de un país es el resultado acumulado de las elecciones de todos sus individuos, de modo que, al elegir vuestras propias circunstancias, afectáis también a las otras personas de vuestro país y del mundo.

En muchas culturas «indígenas» a una persona no se la considera en absoluto en función de su edad, y el número de sus años carece de importancia. De hecho, un hombre puede no saber su edad, tal como vosotros la comprendéis. Os haría bien a todos vosotros -jóvenes, maduros y ancianos- olvidar la cantidad de años que tenéis, porque muchas creencias de vuestra cultura os limitan según vuestra edad. A la juventud se le niega su sabiduría, y a la vejez se la despoja de su felicidad.

“Fingir” que no os importa vuestra edad, haceros pasar por jóvenes porque teméis la vejez, no es la solución. Recordad que vuestro punto de realidad y poder se encuentra en vuestra experiencia actual. Sin comprendéis esto, a cualquier edad podéis recurrir a cualidades y conocimientos que «existieron» en vuestro pasado o que «existirán» en vuestro futuro, dado que vuestras edades son probables [y simultáneas].

A pesar de que, básicamente, el tiempo no existe tal como lo «conocéis», neurológicamente estáis forzados a percibir vuestra vida como una serie de momentos que se suceden constantemente.

Como criaturas, nacéis jóvenes y os hacéis viejos. Pero los animales, como criaturas, no están tan limitados en su experiencia en ese sentido. No tienen creencias sobre la vejez que inhiban automáticamente sus facultades; aunque mueren físicamente como todas las criaturas deben hacerlo en este aspecto, no se deterioran de la misma manera.

No comprendéis la comunicación que hay entre vosotros y los animales de compañía, por ejemplo, cómo a su “manera” éstos reaccionan a vuestras creencias.* Reflejan vuestras ideas, y por tanto se vuelven vulnerables como no lo serían en su entorno natural. En términos generales, su relación con vosotros es natural, pero su innata comprensión de que el punto de poder de la criatura es el presente se ve, en cierta medida, afectada por su receptividad y su asimilación de vuestras creencias. A un gato joven se lo trata diferente que a uno mayor, y el animal responde a ese condicionamiento. De la misma manera, vuestras propias conclusiones sobre la edad se materializan en vuestra experiencia. En consecuencia, si os convencéis de que sois diez años más jóvenes, o diez años mayores, esto se reflejará fielmente en vuestro entorno personal.

“Si tenéis veinte años, podéis hacer uso de la sabiduría que imagináis que tendréis a los treinta”.

Si tenéis sesenta años, podéis utilizar la fortaleza física que creéis que ya no tenéis, pero que antes teníais. Todo esto también se expresaría física y biológicamente en el cuerpo.

¿Qué yo? ¿Qué mundo? Si estáis solo es porque creéis en vuestra soledad en este momento actual que reconocéis como tiempo. De lo que parece ser el pasado atraéis sólo los recuerdos que refuerzan vuestro estado, y los proyectáis hacia el futuro. Físicamente, estáis abrumando al cuerpo, que responde a dicho estado de soledad con reacciones químicas y hormonales. También os priváis de vuestro punto de acción en el presente.

Las vitaminas, una mejor alimentación o la atención médica pueden rejuvenecer temporalmente el cuerpo; pero, a menos que cambiéis vuestras creencias, se verá rápidamente abrumado de nuevo por vuestros sentimientos de depresión. En este caso debéis daros cuenta de que sois vosotros quienes creáis vuestra soledad, y decidir cambiarla mediante el pensamiento y la acción. La acción es pensamiento en movimiento físico, que se percibe exteriormente.

* Véase la sesión 639 del capítulo 10, donde se habla de la vida y la muerte de nuestro gato, Rooney. Seth también mencionó el tema de las probabilidades en relación con Rooney.

SESIÓN 656
Extracto de Habla Seth III
A través de Jane Roberts

Dieta Alcalina para Prevenir el Cáncer, por el Dr. Alberto Martí Bosch

Por Mindalia Televisión

Dieta Alcalina para Prevenir el Cáncer, por el Dr Alberto Martí Bosch en las III Jornadas de la Salud “Descubriendo” que tuvo lugar en Socuéllamos (Castilla-La Mancha) el 27 de Enero 2018.

DR. ALBERTO MARTÍ BOSCH

Licenciado en Cirugía y Medicina por la Universidad Autonoma de Barcelona. Trabajó muchos años con niños como oncólogo pediátrico hasta que dados los escasos resultados que obtenía con los tratamientos convencionales y, sobre todo, viendo día a día el enorme sufrimiento que con ellos les causaba abandonó definitivamente su práctica.

Hoy, veinte años después y tras formarse ampliamente en disciplinas que no se enseñan en las facultades de medicina, aborda el cáncer de una forma holística teniendo en cuenta ante todo el principio hipocrático de “Lo primero, no hacer daño”. Tratamiento que tiene en cuenta los aspectos psicológicos y emocionales además del físico, ámbito éste en el que desintoxicar, resolver posibles carencias vitamínicas, minerales, ortomoleculares, enzimáticas y hormonales potenciando así el sistema inmune y equilibrare el organismo bioenergéticamente son pasos siempre útiles y necesarios.

 

 

Fuente

El poder no implica básicamente una superioridad sobre otro

La mayoría de los delincuentes, tanto dentro como fuera de la prisión, comparten una sensación de impotencia y de resentimiento. Por tanto, tratan de demostrarse que son en verdad muy fuertes, para lo cual recurren a actos antisociales que a menudo implican violencia.

Desean ser fuertes, pero creen que carecen de poder personal. Los han condicionado, y se han condicionado ellos mismos, para creer que deben luchar para conseguir algo de provecho. La agresión se convierte en un modo de supervivencia. Creen tanto en el poder de los demás y en su propia impotencia que se ven forzados a cometer acciones agresivas casi como medidas “preventivas” contra una violencia aún mayor de la que creen que serán víctimas.

Se sienten aislados y solos, no queridos, llenos de una rabia que suele expresarse constantemente a través de una serie continuada de delitos menores. Esto es así tanto si se cometen delitos graves como si no; por tanto, la simple expresión de agresión sin comprensión no sirve de nada.

En el caso de los delincuentes y sus sistemas de creencias, la agresión asume un valor positivo, pues es una condición para la supervivencia. Muchas otras características que podrían mitigar este comportamiento se minimizan, y “pueden” verse como peligrosas. Creen…

(Empezó a sonar el teléfono.)
Haz lo que quieras.

Respondí a la llamada mientras Jane salía del trance. Era para ella, de una amiga que vive en Nueva York. No seguimos con la sesión, que fue una de las más cortas que tengo registradas.

Aisláis a los delincuentes en un entorno que no les ofrece ningún tipo de compensación. Todo el sistema de prisiones -con barrotes incluidos- es un recordatorio constante para el preso de cuál es su situación, y eso refuerza su dificultad original.

Se los priva de toda vida normal hogareña y, a la vez que se fuerza una concentración general en su problema, se les reducen al mínimo todos los otros estímulos. A su modo, los vigilantes y funcionarios de prisiones comparten las creencias de sus prisioneros, lo cual refuerza la idea de fuerza y poder en ambos bandos, y hace que cada uno vea al otro como enemigo.

Los guardias están seguros de que los encarcelados son la lacra de la humanidad y que deben mantenerlos a raya a toda costa. Ambas partes aceptan el concepto de agresión y violencia humanas como método de supervivencia. La energía de los prisioneros se emplea en tareas a menudo aburridas y carentes de interés, si bien algunos centros tratan de proporcionarles algún tipo de formación profesional.

No obstante, tanto los prisioneros como los funcionarios dan por sentado que la mayor parte de esas personas entre rejas reincidirán una y otra vez. Los encerrados proyectan sus problemas personales en la sociedad, y la sociedad les devuelve el «favor». De la misma manera, es habitual que las personas crean que ciertas características son animales o malvadas, y traten de aislar esas partes de otros campos de su actividad, lo cual afecta al poder o a su falta, y a las actitudes relacionadas con él.

Recordad a Augusto, a quien mencionamos anteriormente en este libro. Augusto se sentía “impotente”, pues veía el poder en función de la agresión y la violencia, así que aisló esa parte de sí mismo y la proyectó en un «segundo ser». Sólo cuando este segundo ser entraba en funcionamiento, desplegaba todo su poder. Al creer que la agresividad y el poder eran una sola cosa, la fuerza para actuar equivalía a la fuerza para ser agresivo. Y la agresión se equiparaba a la violencia.


Pues bien, en cierto modo ésa fue una transferencia de un problema realizada de una forma excepcional. La necesidad de actuar y de asumir el control de la acción es algo de máxima importancia en los seres conscientes, así que Augusto creó para sí una posición de poder desde la cual “podía” funcionar al menos durante un tiempo. Pero tenía que fingir amnesia para ocultarse a sí mismo ese mecanismo. Cuando el poder se equipara a la violencia, se cree que aquél es necesario para regular la agresión normal en la conducta; y, como el poder se considera violento, en cierta medida se siente miedo a actuar. La bondad se considera equivalente a la falta de poder, y se equiparan maldad y poder. Al no querer enfrentarse a ese «mal» en sí mismo, se lo dirige hacia afuera y se transfiere a otro campo.

Como sociedad, tal vez se proyecte hacia los delincuentes, como nación hacia un país extranjero. Como individuos quizá lo hagáis hacia un jefe, un sindicato, o cualquier otro sector de la sociedad. Sea cual sea el área que elijáis, os sentiréis relativamente débiles en comparación con la fuerza que habéis proyectado hacia afuera. Así pues, hacéis frente a vuestro propio poder denegado cada vez que os encontráis en una situación en la que os sentís débiles ante alguien o algo que os asusta.

El poder no implica básicamente una superioridad “sobre otro”. Existe el poder del amor, por ejemplo, y el poder de amar. Ambos implican una acción y vitalidad enormes, y un impulso agresivo que no tiene nada que ver con la violencia. Pero muchas personas padecen síntomas físicos o sufren situaciones desagradables porque tienen miedo de utilizar su propio “poder de acción”, y equiparan el poder con la agresión en el sentido de violencia.

Estos sentimientos despiertan culpas artificiales. La persona que defiende a capa y espada la pena de muerte cree que “él mismo” debería realmente ser condenado a muerte, para pagar por la gran agresión (violencia) que tiene dentro de él y no se atreve a expresar.

El delincuente o asesino que es ejecutado muere por el «mal» que hay dentro de cada miembro de su sociedad, y se produce una transferencia mágica.

El amor se ve impulsado por todos los elementos de la agresión natural, y es muy poderoso; pero, como habéis trazado esas divisiones entre el bien y el mal, el amor parece ser débil y la violencia fuerte. Esto queda reflejado en muchos niveles de vuestra actividad. El «demonio» se convierte en una figura poderosa del mal, por ejemplo, y el odio se ve como algo mucho más “eficiente” que el amor. A los hombres les enseñan a personificar la agresividad con todas esas actitudes antisociales que no puede manifestar normalmente. La mente criminal las expresa por él; de ahí las actitudes ambiguas por parte de la sociedad, que muchas veces idealiza a los renegados.

El detective y el delincuente llevan distintas versiones de la misma máscara. En consonancia con estas ideas, practicáis la segregación y aisláis a los enfermos como seres impotentes, encerráis juntos a los delincuentes, y confináis a los viejos en instituciones o en guetos culturales con los de su clase. En todos estos casos hay una transferencia de problemas personales, y agrupaciones de creencias.

El elemento criminal representa las propias agresiones temidas y no afrontadas. Cada individuo encubre estos temores, y a quienes los expresan socialmente se los encierra en prisión. Así como el encarcelamiento forzado de hombres violentos conduce a menudo a motines, el encubrimiento personal de la agresión normal suele producir motines psicológicos y estallidos de síntomas físicos.

En todos estos casos, se realizan pocos esfuerzos para comprender los problemas básicos subyacentes, y la segregación social hace acumular la presión, por decirlo así, de modo que los que albergan creencias similares se ven inmersos en situaciones que sólo perpetúan las causas básicas.

Sin saberlo, los enfermos suelen ceder a los médicos su poder para actuar de una forma sana. Los médicos aceptan esta cesión pues comparten el mismo sistema de creencias, de modo que obviamente la profesión médica necesita tanto a los pacientes como los enfermos necesitan los hospitales. Vuestra sociedad no comprende la naturaleza de la agresión normal, y la considera violenta. Las prisiones y los organismos de aplicación de la ley necesitan delincuentes de la misma forma que los delincuentes los necesitan a ellos, ya que operan dentro del mismo sistema de creencias. Ambas partes aceptan la violencia como método de conducta y supervivencia. Si no comprendéis que sois vosotros los que creáis vuestra propia realidad, quizás atribuyáis todos los buenos resultados a un dios personificado, y necesitéis la existencia de un demonio para explicar la realidad indeseable. De este modo, en la sociedad occidental las iglesias necesitan tanto a un demonio como a un dios.

La agresión natural es sencillamente el poder de actuar.

Vuestra actitud respecto a estas cuestiones os dirá mucho acerca de vosotros mismos e influirá en vuestra realidad personal.

Si equiparáis el poder a la juventud, aislaréis a los ancianos, les transferiréis vuestra “impotencia” rechazada, y os parecerán una amenaza a vuestro bienestar. Si creéis que la violencia es poder, castigaréis a los delincuentes con una actitud vengadora, pues entenderéis la vida como una “lucha de poder” y os concentraréis en los actos de violencia sobre los que leéis. Así atraeréis estos aspectos a vuestra vida personal y os enfrentaréis a la violencia, lo cual reforzará vuestras convicciones. Si aceptáis la idea básica de que el mal es más poderoso que el bien, vuestras buenas acciones no fructificarán debido al marco de referencia de vuestras creencias; puesto que creéis que esas acciones tienen muy poco poder.

Hay muchas creencias secundarias relacionadas con estas convicciones. Todas ellas pueden funcionar de tal forma que no os permitís usar vuestras facultades, lo cual hace que proyectéis esas creencias al exterior hacia otros. Si aceptáis la idea de que el conocimiento es «malo», por ejemplo, de acuerdo con esta creencia veréis que todo esfuerzo por aprender es inútil u os causa malestar. No confiaréis en ningún conocimiento que adquiráis con facilidad pues creeréis que tenéis que “pagar” por la consecución de sabiduría. Las interpretaciones literales de la Biblia conducen normalmente a estas conclusiones, de modo que la persecución del conocimiento, que constituye un impulso biológico innato, se convierte en una actividad prohibida.

Debéis entonces proyectar la sabiduría hacia los demás y rechazarla para vosotros, si no queréis afrontar un dilema sobre vuestro valor personal.

A lo largo de los siglos los monjes, sacerdotes y organizaciones religiosas se han separado del resto de la humanidad. Se los ha honrado y temido, amado y odiado. Se han envidiado sus conocimientos, y a la vez se los ha conservado con un respeto supersticioso.

Se respeta al practicante de vudú y el sanador, al doctor brujo y el sacerdote, pero también inspiran cierto terror por su conocimiento y poder. El hombre que cura y el hombre que maldice representan para muchas personas el poder del conocimiento. Quienes sostienen ideas fundamentalistas ven el poder religioso como algo aterrador. La agresión normal, considerada como algo malo, es arrinconada dentro del ser, y también se la ve “fuera” por todas partes.

Algunas personas hacen divisiones artificiales en su vida, de modo que consideran seguro actuar en ciertos campos pero peligroso en otros. Si creéis que la riqueza es algo perverso, por ejemplo, no os permitiréis desarrollar ninguna facultad que pueda reportaros riqueza, e inhibiréis talentos que de por sí consideráis buenos simplemente porque podrían procuraros éxito económico.

Así pues, vuestras creencias son sumamente importantes por la forma en que tratáis el poder de acción personal.

La utilización de vuestra energía personal os lleva a una relación íntima con vuestra fuente de poder. La curación implica un gran impulso natural agresivo de energía, crecimiento, y el foco de la vitalidad. Cuanto más “impotentes” os sintáis, menos “capaces” seréis de utilizar vuestras facultades curativas. Os veréis forzados a proyectarlas hacia afuera en un médico, un sanador o un agente externo. Si vuestra “creencia” en el médico «funciona» y los síntomas desaparecen, hayáis alivio físico, pero ello daña más vuestra fe en vosotros mismos. Si no realizáis ningún esfuerzo eficaz para afrontar vuestros problemas, los síntomas simplemente reaparecerán de otro modo, y se iniciará el mismo proceso. Tal vez acabéis perdiendo la fe en vuestro médico pero no en el estamento médico en general, y vayáis de una consulta a otra.

Pero el cuerpo posee su propia integridad, y la enfermedad suele ser una señal natural de desequilibrio, un mensaje físico que debéis escuchar para luego hacer los ajustes necesarios.

Cuando estos ajustes se realizan siempre desde el exterior, se pone en peligro la coherencia innata del cuerpo, y se perturba su relación íntima con la mente. Además, se adormecen sus poderes naturales de sanación. El desencadenante de las reacciones innatas que debieran ser los estímulos internos, pasan a serlos medios «externos».

La fe del individuo se transfiere cada vez más a un agente externo. Esto impide que haya un diálogo interno de autocuestionamiento, y la autocuración que podría tener lugar se produce por la “creencia” en otro.

Me refiero principalmente a la cultura occidental. En otras civilizaciones, y especialmente en lo que consideráis el pasado, el médico brujo operaba dentro de un contexto natural que todos aceptaban, y aunque incitaba a las fuerzas naturales “en nombre” de su paciente, que momentáneamente era incapaz de hacerlo por sí mismo, lo devolvía a su fuente de origen y revivía en él su sentido del poder. Cuando una persona se siente impotente, acaba por morir.

El punto de poder está en el presente, cuando vuestro ser no físico se funde con la realidad corporal. El simple reconocimiento de este hecho puede revitalizar vuestra vida.

Desde vuestro punto de vista, vuestra especie se halla en un estado de evolución. Parte de esta experiencia consiste en una fascinación natural por los sucesos externos. Estáis desarrollando unas facultades de la conciencia que a su modo son únicas, vuestras, tal como lo es vuestro entorno. Ello requiere un enfoque intenso, ya que estáis implicados en un proceso de aprendizaje en el que debéis explorar todos los elementos inherentes en esa situación.

A lo largo de esta aventura, no obstante, durante el estado de sueño os mantenéis siempre en contacto con la realidad de la que surge vuestra experiencia física. Según vuestra concepción temporal, al final lograréis unir la comprensión interna con vuestro ser físico, y conformar el mundo sobre una base consciente. El objetivo de este libro es ayudaros a hacer precisamente esto.

Cuanto más implicados estáis con complejos organismos físicos, más energía proyectáis hacia afuera y más os cautivan las manifestaciones «exteriores». Básicamente esto es un método de aprendizaje natural. Vuestra vida interna se transforma en realidad corpórea. A medida que la percibís y os “relacionáis” con ella, empezáis a cuestionaros primero su origen y luego su significado.

Esto os lleva de regreso a vosotros mismos, y a un reconocimiento de vuestras propias facultades. Lo que ahora creáis inconscientemente, vuestra especie acabará por crearlo conscientemente. La infinita capacidad de la conciencia se enfoca en una realidad en particular, que luego se expande. Vuestras creaciones temporales se añaden a las capacidades “con que” las creasteis. Aprendéis a través de vuestras creaciones. La mente, físicamente dirigida, utiliza enormes fuentes de poder y energía junto con una ilimitada creatividad, de modo que cada día físico es en realidad absolutamente único. Así pues, no podéis esperar que una parte de vuestro entorno permanezca estático, y vuestro organismo se encuentra constantemente en un estado de cambio.

Vuestra estructura social, desde las más grandes urbes a la más diminuta granja, desde los barrios más ricos a los más pobres, desde los monasterios a las prisiones, refleja la situación interna del ser individual y las creencias personales que alberga cada uno de vosotros.

Si empleáis el punto de poder adecuadamente, sentiréis la energía no física transformada en poder personal eficaz mediante vuestra intersección con la carne. Seréis capaces de utilizar ese poder conscientemente, intencionadamente, para cambiar vuestra experiencia personal, y así cambiar el marco social al menos en parte. Los ejercicios que propongo ayudan a la evolución de vuestra conciencia, y también os servirán de una manera que ahora no podéis ni sospechar. La conformidad con vuestro propio poder se traducirá automáticamente en vuestra experiencia, y no sólo activará vuestra vida onírica sino que os proporcionará una fuerza adicional que os ayudará en vuestra realidad de vigilia. Ya no necesitaréis transformar vuestra sensación de poder a los demás. Todos los ejercicios proporcionados anteriormente en este libro son requisitos para ello, para que “entendáis” cómo debe utilizarse el punto de poder. El reconocimiento de los sentimientos personales y el trabajo con las creencias ampliará vuestra comprensión de quiénes sois.

Si odiáis a vuestro padre, por ejemplo, no podéis emplear el punto de poder para convenceros de que lo amáis, pero los ejercicios os ayudarán a entender las razones del odio.

No podéis emplear el punto de poder para controlar a otras personas, porque automáticamente caeréis presa de vuestras propias creencias. En cualquier caso, debéis ser “conscientes” de vuestro poder y creeros merecedores de él. Muchos de los capítulos de este libro tienen el objetivo de convenceros de vuestra propia valía. Debéis vivir vuestros sentimientos, no negarlos, de modo que no tenéis que utilizar el punto de poder para tratar de negar la realidad de vuestras emociones.

Cuando comprendáis la naturaleza de la hipnosis natural, ya no sentiréis la necesidad de generar “nuevos” sentimientos negativos. Vuestra carga de inhibiciones se reducirá. Como confiaréis más en vosotros, expresaréis naturalmente vuestros sentimientos, y su contención ya no producirá reacciones explosivas. Las emociones irán y vendrán, y el contacto con el poder será mayor. Es sumamente importante que prestéis atención al fluir de vuestra conciencia. “esto solo” os ayudará a ver en qué áreas rechazáis vuestros impulsos u os dais instrucciones que conducen a una sensación de impotencia.

El ejercicio del punto de poder tiene como objetivo que os familiaricéis con vuestra propia energía y vuestra capacidad para dirigirla. Los ejercicios de hipnosis natural os permitirán dirigir y enfocar ese poder con mayor eficacia.

Cada uno debe trabajar a partir de su propia realidad. No hay otro modo. Si estáis llenos de rabia, no digáis: «Estoy colmado de paz», y esperéis resultados. Con eso sólo taparéis vuestros sentimientos e “inhibiréis” vuestra energía y poder. Si estáis furiosos, golpead una almohada y experimentad la ira, pero sin violencia hacia otras personas. Expresadla hasta que os sintáis físicamente agotados. Si lo hacéis sinceramente, comprenderéis las razones de esa ira, y a menudo os resultarán muy obvias. Simplemente no queríais afrontarlas.

En casi todos los casos [de esta índole], los sentimientos expresan una sensación de impotencia por vuestra parte, pues habéis delegado vuestra fuerza a una situación o persona y sentís que en comparación vuestros esfuerzos son inútiles. “De ser así” recurrid al punto de poder y sentid cómo la energía de vuestro propio ser se irradia a vuestra experiencia. El conocimiento de vuestro poder os libera de todo temor y, por tanto, de toda ira.

Jane me comentó que Seth abordaría pronto los efectos de nuestras creencias sobre nuestro entorno, y que explicaría cómo el clima mental de nuestra especie es responsable de nuestro «clima» exterior. Tiene intención de hablar de las grandes inundaciones locales de junio de 1972, como punto de enfoque para dictar su información, ya que nosotros vivimos una experiencia personal con esa catástrofe, aquí en Elmira. Jane añadió que Seth explicaría que nuestra especie se ha acostumbrado a verse como seres fuera de la naturaleza, tanto que hemos olvidado que somos parte de ella.

Extracto de Habla Seth III
A través de Jane Roberts

Retorno del Alma a un nuevo nacimiento. I

LUEGO DEL PROCESO DEVACHANICO

La encarnación del alma humana después del Devachán

Quienes hayan seguido atentamente el proceso devachánico y apreciado en una amplia medida sus características especiales de “reposo del alma”, después de un proceso activo de vida, o ciclo de encarnación, le asaltará inmediatamente la pregunta de cuál es el proceso inmediato que sigue al de la vida devachánica. Lógicamente, y empleando constantemente la analogía, debemos considerar que de la misma manera que a un proceso de actividad en el nivel que sea, corresponde un período de reposo, a un proceso de reposo le sucede asimismo un período de actividad.

Veremos de qué manera se inicia para el alma humana el nuevo proceso de actividad una vez finalizado el ciclo devachánico. Al comienzo se la ve sumergida en un sueño muy profundo, dentro del cual no es consciente de nada. La esfera devachánica se ha reducido hasta convertirse en una especie de aura envolvente, pero sin color y sin matices, es decir sin deseos y sin sueños y por tanto sin fuerza alguna para realizarlos. En ese estado se ve cómo paulatinamente y “desde arriba” un hilo sutilísimo de luz, proveniente del Ángel Solar va descendiendo hasta penetrar en el alma humana y despertando en el corazón místico de la misma el propósito superior o anhelo de vida.

En ese momento empieza el alma a ser nuevamente consciente de sí misma, ha dejado de “SOÑAR”, por consumación de los deseos engendrados en una existencia anterior, y empieza de nuevo a considerarse a sí misma “tal como era antes del proceso devachánico”. En almas muy puras este recuerdo o conciencia de sí misma aparece con tanta nitidez que adquiere automáticamente y con conocimiento de causa la ordenación y dirección del nuevo estado. Su visión se orienta inmediatamente hacia el Ángel Solar, y de sus labios inmortales surgen nuevamente las palabras mágicas que son la esencia de todo sacrificio solar o cósmico: “Hágase tu voluntad”. El Ángel Solar que guarda en memoria infinita, el recuerdo de todas las existencias anteriores del alma a la que “arropa, protege y vivifica” SABE desde siempre cuál ha de ser el nuevo destino. 

Las condiciones ambientales, la calidad del mecanismo que deberá ser empleado, el país en dónde deberá nacer, la posición social, están muy claramente diseñados en el nuevo destino que el Ángel Solar ha proyectado para el alma del hombre. Tal como se puede leer en los libros secretos de la “Logia Blanca…” “el Ángel Solar ve el fin desde el principio”, y esta verdad se aplica no sólo a un nuevo nacimiento, o etapa de encarnación, sino que abarca la infinita serie de encarnaciones y períodos devachánicos del alma, desde el proceso mismo de la INDIVIDUALIZACIÓN hasta la consumación total del alma humana en el gran Misterio de la quinta Iniciación, en la que el Ángel Solar liberado del peso de su deuda de amor y sacrificio, retorna al Gran Corazón del Sol.

El proyecto de una nueva vida, o de una nueva encarnación, presupone para el alma humana, salir de un sueño y enfrentar una realidad, la realidad de sí misma frente a un nuevo orden de cosas y de situaciones. Esto involucra un hecho muy importante: recobrar una conciencia de vehículos. Ésta se realiza mediante la actividad de los “átomos permanentes” implicados en la historia de la vida del hombre. Son unos átomos especializadísimos y de cualidad misteriosa, cuya función es preservar el recuerdo de todos los hechos y experiencias del alma a través de las edades. En el ser humano existen ya sea en potencia o en latencia seis átomos permanentes plenamente desarrollados, uno para cada vehículo de expresión sean o no utilizados que van desde el átomo permanente físico, alrededor del cual se crea el cuerpo correspondiente, hasta el átomo permanente átmico que está conectado con la esencia monádica y guarda el secreto de la propia Vida de Dios. 

Pero a nosotros, de acuerdo con el presente estudio sólo nos interesan los “tres átomos permanentes” que estructuran los vehículos físico, emocional y mental. Comprenderán que los vehículos expresivos del hombre, o Tabernáculo del Espíritu Santo, a que se refería el gran Iniciado Pablo de Tarso, dependerá de la calidad de los recuerdos suministrados por los átomos permanentes, que registran a escala individual, la gran memoria akásica, eternamente viva de la Naturaleza, pues de la misma manera que un alma humana se proyecta hacia el futuro por el “recuerdo vivo de su pasado” un Logos Solar utiliza sus átomos permanentes, o registros akáshicos con todo su universal contenido, para la creación de un nuevo Universo, al final del Gran Pralaya, que es el sueño devachánico del propio Dios. Siempre debe ser utilizada la ley de analogía.

Daremos en esquema y a grandes rasgos el proceso de encarnación del alma humana:

a) La atención concentrada del Ángel Solar.

b) La conciencia más o menos despierta del alma humana, después del proceso devachánico.

c) La calidad de los recuerdos suministrados por el átomo permanente.

d) Las condiciones ambientales, los tipos de cuerpos a utilizar y las situaciones que deberán ser enfrentadas y desarrolladas.

e) Existe un factor o elemento primordial de carácter dévico, del cual no se ha hablado suficientemente en los estudios esotéricos, que a nuestra consideración es de importancia trascendental y al cual deberemos hacer referencia.

El proceso puede ser considerado así: La atención del Ángel Solar proyecta un diseño, o arquetipo del destino humano, sobre el alma que va a encarnar. En esta atención va implícita una Nota, Mántram, Verbo o Sonido, a la que responde el alma humana con su propia Voz, la cual actuando directamente sobre cada uno de los átomos permanentes los pone en actividad vibratoria. A este clamor invocativo acuden tres tipos de Devas: uno desde el plano mental concreto y desde el plano causal empieza a seleccionar materia afín al llamado invocativo y crea alrededor del átomo mental permanente, la envoltura que lo convertirá progresivamente en el vehículo mental que el hombre utilizará para pensar, recordar y discernir. 

Cuando la obra de este Deva se ha cumplido convenientemente, empieza a actuar otro Deva en el plano emocional, que siguiendo un proceso similar al primero, aglutina materia astral afín a la calidad vibratoria del átomo emocional permanente hasta conseguir estructurar una envoltura capaz de reaccionar a cualquier actividad de este tipo. Esta estructura abarca fases que van del más denso y materializado de los deseos, hasta el más puro y exaltado sentimiento de integridad y belleza. Todo dependerá de la elevación del alma humana y de la calidad de los recuerdos o experiencias emocionales.

La nota típica del alma, a través de los átomos permanentes, se encarga de dar su consentimiento o “rechazo” a ciertos tipos de energía.

El proceso en el plano físico si bien es similar a las acciones anteriores sufre una importante modificación que debe dar por resultado la creación de un tipo de cuerpo específico, hecho que entraña una labor por parte de los Señores del Karma, a través de sus devas mensajeros, de selección de aquellos seres humanos que kármicamente deben intervenir en el proceso físico de creación del cuerpo, me refiero a los padres. El proceso físico, el más denso, es sin embargo el más importante desde el punto de vista de “encarnación del alma”, pues implica la actividad directa de los Señores del Karma que “recogen el diseño específico del Ángel Solar donde están contenidos todos los recuerdos del alma y crean las debidas condiciones físicas para las futuras actividades del alma en encarnación”.

El Deva constructor del cuerpo físico, es el “Ángel Guardián” que ven los clarividentes alrededor de los niños y de las madres, que están en proceso de gestación del cuerpo físico de la nueva criatura. Este Deva tiene ante sí un “diseño causal”, pero las fuerzas y energías con las que trabaja son, si no más sutiles, al menos más complejas, pues no solamente actúa según un diseño espiritual del Alma Solar, sino que también a través de una serie de condiciones kármicas a las que no se ajustaron los devas anteriores que se limitaron a reproducir la nota vibratoria de los átomos permanentes mental y emocional y seleccionar materia de calidad vibratoria acorde en intensidad y armonía.

Se trata de un tipo de devas muy especializados que participan a la vez del diseño del Ángel Solar y de la influencia directa de los Señores del Karma, que suscitan, promueven, ordenan y ajustan el proceso a condiciones muy precisas e implacables. El hecho de nacer en un país determinado, el color de la piel, tener buena o mala salud, nacer pobre o rico, disponer de facultades o estar privado de ellas, tiene profundas repercusiones en la vida inmortal del alma y determina las futuras predisposiciones, cualidades y calidad de los vehículos.

A partir de este diseño de vida plenamente organizada en el orden social del alma humana en encarnación, hay ciertos procesos que esotéricamente trataremos de explicar, para dar una idea más completa de lo que llamamos “ciclo de encarnación humana”.

Existe un momento cumbre por analizar, es el momento mágico en que se realiza en el seno de la madre el misterio infinito de la concepción. Este momento regido directamente por los Señores del Karma, a través de sus huestes angélicas, tiene importancia causal y es supervisado muy directamente por el Ángel Solar en sus espirituales meditaciones.

Cuando los elementos masculinos y femeninos de los padres, han cumplido su misión, sobreviene la acción universal; el átomo permanente físico es introducido por el Deva constructor, en la célula portadora de los elementos masculinos, y al penetrar esta célula en el interior del santuario femenino “eternamente puro e inmaculado como la Madre Naturaleza”, se cierra el primer ciclo de la encarnación física del alma humana. El átomo permanente se convierte en el factor místico que promueve todo proceso ulterior. Encerrado en el claustro materno y sutilmente conectado con el alma que va a encarnar empieza a revivir un proceso recordatorio de experiencias realizadas y facultades adquiridas. Este proceso viene condicionado por la nota permanente del alma, que semialetargada todavía por influencia devachánica, asiste al proceso, únicamente en función de síntesis, es decir de propósito o intención de vida. 

El Ángel Solar, eternamente despierto, y vigilante dirige la función del Deva constructor a través de la nota típica del arquetipo diseñado por él y siguiendo un proceso rigurosamente kármico de “selección de materiales afines a la intención del ego a encarnar”. Este Deva constructor actúa en cierto modo como el Ave Fénix de la mitología, que perpetuamente resurge de sus propias cenizas. Los recuerdos del alma condensados en el átomo permanente, son las cenizas que permiten avivar el fuego del propósito del alma.

La primera actividad del Deva constructor es introducir el átomo físico permanente, en el óvulo femenino. Efectuada esta operación que entraña el Misterio infinito de la Concepción, el átomo se convierte en el motor básico del proceso que debe dar nacimiento al cuerpo físico del ser humano. Su vibración natural se convierte en el impulso de contracción y de dilatación que darán vida al movimiento de sístole y diástole del corazón del cuerpo, y es a través de este órgano que se irá diseñando y estructurando día tras día, hasta su plena realización lo que será el tabernáculo físico del alma. Ahora se podrá comprender más acabadamente el sentido de la frase védica, por muchos sólo parcialmente comprendida que dice: “Del Corazón Místico del Sol surge la Vida que condiciona el Universo”. Es en la analogía donde reside el poder mágico de la comprensión que debe conducir a la perfecta intuición y a la propia realización. 

Por ella nos convertimos en pequeños dioses conscientes del propio destino, en selectos microcosmos del gran Macrocosmos del cual dependemos y hacia el cual nos dirigimos. Es fácil saber de la actividad de Dios analizando críticamente nuestras mejores actividades, de la grandeza de Su amor al observar la inagotable reserva dentro de nuestro corazón y de Su propósito magnificente e indescriptible al observar desapasionadamente la orientación espiritual de nuestro destino como hombres.

V.B.Anglada