Krishnamurti ~ Descubran qué se entiende por palabras como Vida, Dios, …

Hemos estado hablando acerca de los factores deteriorantes en la existencia humana y dijimos que el miedo es una de las causas fundamentales de este deterioro. También dijimos que el seguimiento de cualquier forma de autoridad, ya sea impuesta por uno mismo o establecida desde fuera, así como de cualquier forma de imitación o copia, destruye la iniciativa, la creatividad y bloquea el descubrimiento de lo verdadero.

La verdad no es algo que pueda seguirse; tiene que ser descubierta. Ustedes no pueden encontrar la verdad por medio de ningún libro, de ninguna acumulación de experiencias. Como lo discutimos el otro día, cuando la experiencia se convierte en un recuerdo, ese recuerdo destruye la comprensión creadora. Cualquier sentimiento de malicia o envidia, por leve que sea, es también destructivo de esta comprensión creadora sin la cual no existe la felicidad. La felicidad no puede comprarse, ni llega cuando uno la persigue; está ahí cuando no hay conflicto.

Ahora bien, ¿no es muy importante, especialmente cuando todavía estamos en la escuela, comenzar a comprender la significación de las palabras? La palabra, el símbolo, se ha vuelto para todos nosotros una cosa extraordinariamente destructivo y no nos percatamos de esto. ¿Saben qué entiendo por símbolo? El símbolo es la sombra de la verdad. El disco fonográfico, por ejemplo, no es la voz real; pero la voz ha sido registrada en el disco y eso es lo que escuchamos. La palabra, el símbolo, la imagen, la idea no es la verdad; pero adoramos la imagen, veneramos el símbolo, asignamos una gran significación a la palabra, y todo esto es muy destructivo, porque entonces la palabra, el símbolo, la imagen se vuelve sumamente importante. Así es como los templos, las iglesias y las distintas religiones organizadas con sus símbolos, creencias y dogmas se convierten en factores que impiden a la mente ir más allá y descubrir la verdad. 

De modo que no queden presos en las palabras, en los símbolos, que automáticamente cultivan el hábito. El hábito es un factor extremadamente destructivo, porque cuando quieren pensar creativamente, el hábito se pone en medio.

Quizás ustedes no comprendan la plena significación de lo que estoy diciendo, pero lo harán si piensan al respecto. Salgan de vez en cuando a pasear solos y reflexionen sobre estas cosas. Descubran qué se entiende por palabras como “vida”, “Dios”, “deber”, “cooperación”, todas esas palabras extraordinarias que usamos con tanta prodigalidad.

¿Se han preguntado alguna vez qué significa “deber”? ¿Deber hacia qué? Hacia los ancianos, hacia lo que dice la tradición: que ustedes deben sacrificarse por sus padres, por su país, por sus dioses. Esa palabra “deber” se ha vuelto extraordinariamente significativa para ustedes, ¿verdad? Está cargada de mucha significación que se les impone. Se les enseña que tienen un deber hacia su país, hacia sus dioses, hacia su prójimo; pero mucho más importante que la palabra “deber” es que descubran por sí mismos cuál es la verdad. Sus padres y la sociedad usan esa palabra “deber” como un medio de moldearles, de ajustarles conforme a las idiosincrasias particulares de ellos, a sus hábitos de pensamiento, a sus agrados y desagrados, esperando de ese modo garantizar su propia seguridad. Así que tómense tiempo, sean pacientes, analicen, investiguen y descubran por sí mismos qué es verdadero en todo esto. No acepten meramente la palabra “deber”, porque donde hay “deber” no hay amor.

Del mismo modo, tomemos la palabra “cooperación”. El estado quiere que ustedes cooperen con él. Si cooperan con algo sin comprenderlo, están meramente imitando, copiando. Pero si comprenden, si descubren la verdad de algo, entonces al cooperar están viviendo, moviéndose con ello y ello forma parte de ustedes.

Es, entonces, muy necesario percatamos de las palabras, de los símbolos e imágenes que mutilan nuestro pensar. Percatarnos de eso y descubrir si podemos ir más allá es esencial, si hemos de vivir creativamente sin desintegrarnos.

¿Saben?, permitirnos que la palabra “deber” nos mate. La idea de que tienen un deber hacia sus padres, hacia sus relaciones, hacia el país, los sacrifica, Hace que salgan y vayan a pelear, a matar y a ser muertos o lisiados. El político, el líder dice que es necesario destruir a otros para proteger la comunidad, el país, la ideología o el estilo de vida; así, el matar se vuelve una parte de nuestro deber y pronto nos vemos envueltos en el espíritu militar. El espíritu militar les vuelve obedientes, hace que sean físicamente muy disciplinados; pero en lo interno sus mentes son destruidas poco a poco porque están imitando, siguiendo, copiando. Se convierten en una herramienta de los mayores, del político, en un instrumento de la propaganda. Llegan a aceptar la matanza para proteger a su país como algo inevitable, porque alguien dice que es necesaria. Pero sin importar quién lo diga, ¿no deberían examinarlo muy claramente por sí mismos?

Matar es, obviamente, la más destructiva y corrupta de las acciones en la vida, especialmente matar a otro ser humano, porque cuando uno mata está lleno de odio, por mucho que pueda racionalizarlo, y crea también antagonismo en los demás. Podemos matar con una palabra igual que con una acción; y matar a otros seres humanos jamás ha resuelto ninguno de nuestros problemas. La guerra jamás ha curado ninguna de nuestras enfermedades económicas o sociales, ni ha dado origen a una comprensión mutua en las relaciones humanas; no obstante, todo el mundo está preparándose perpetuamente para la guerra. Son muchas las razones que se exponen para explicar por qué es necesario matar gente; y también hay muchas razones para no matar. Pero no se dejen arrastrar por ningún razonamiento, porque hoy pueden tener una buena razón para no matar y mañana podrán tener una razón mucho más fuerte para matar.

Primero vean la verdad de ello, perciban lo esencial que es no matar. Sin tener en cuenta lo que puedan haber dicho otros, desde la más alta a la más baja de las autoridades, descubran por sí mismos la verdad de la cuestión; y cuando estén internamente claros al respecto, entonces podrán analizar los detalles. Pero no empiecen razonando, porque cada razón puede ser enfrentada por una razón contraria y quedan atrapados en la red de los razonamientos. Lo importante es que vean directamente por sí mismos cuál es la verdad, y entonces pueden empezar a usar la razón. Cuando perciben por sí mismos lo verdadero, cuando saben que matar a otro no es amor, cuando internamente sienten la verdad de que no debe haber antagonismo en la relación con otro, ninguna cantidad de razonamientos puede destruir esa verdad. Entonces no hay político ni sacerdote ni padre que puedan sacrificarles por una idea o por la propia seguridad de ellos.

Los viejos siempre han sacrificado a los jóvenes. Cuando ustedes sean mayores, ¿sacrificarán a su vez a los jóvenes? ¿No quieren poner fin a este sacrificio? Porque ésta es la más destructivo forma de vivir, es uno de los mayores factores de deterioro humano. Para terminar con ello, cada uno de ustedes, como individuo, tiene que descubrir por sí mismo la verdad. Sin pertenecer a ninguna organización, tienen que descubrir la verdad que hay en no matar, en sentir amor, en no tener antagonismo. Entonces, ninguna cantidad de palabras, de agudos razonamientos podrán persuadirles para que maten o sacrifiquen a otro ser humano.

Es muy importante, pues, mientras son jóvenes, que examinen, que examinen estas cosas por sí mismos, y de ese modo echen los cimientos para el descubrimiento de la verdad.

Interlocutor: ¿Cuál es el propósito de la creación?

K.: ¿Estás realmente interesado en eso? ¿Qué es lo que entiendes por “creación”? ¿Cuál es el propósito del vivir? ¿Por qué existen ustedes, por qué leen, estudian, dan exámenes? ¿Cuál es el propósito de la relación, la relación de padres e hijos, de marido y mujer? ¿Qué es la vida? ¿Es eso lo que quieres decir cuando preguntas: “¿Cuál es el propósito de la creación?”. ¿Cuándo formulas una pregunta así? Cuando internamente no ves con claridad, cuando te sientes confundido, desdichado, cuando estás a oscuras, cuando no percibes ni sientes por ti mismo la verdad de ello; entonces quieres saber cuál es el propósito de la vida.

Y bien, hay muchas personas que te dirán cuál es el propósito de la vida, te dirán lo que dicen los libros sagrados. Personas ingeniosas seguirán inventándole diversos propósitos a la vida. El grupo político tendrá un propósito, el grupo religioso tendrá otro y así sucesivamente. ¿Y cómo vas a descubrir cuál es el propósito de la vida cuando tú mismo estás confundido? Ciertamente, en tanto estés confundido, sólo podrás recibir una respuesta también confusa. Si tu mente está perturbada, si no se halla realmente quieta, cualquier respuesta que recibas lo será a través de esta pantalla de confusión, de ansiedad, de temor; por lo tanto, la respuesta llegará desnaturalizada. Lo importante, pues, no es preguntar cuál es el propósito de la vida, sino aclarar la confusión que hay dentro de uno. Es como un ciego que pregunta: “¿Qué es la luz?”. Si trato de decirle qué es la luz, él escuchará de acuerdo con su ceguera, con su oscuridad; pero en el instante en que pueda ver, jamás preguntará qué es la luz. La luz está ahí.

De igual modo, si puedes aclarar la confusión dentro de ti mismo, descubrirás cuál es el propósito de la vida; no tendrás que preguntar por él, no tendrás que buscarlo. Para estar libres de la confusión tenemos que ver y comprender las causas que originan la confusión; y las causas de la confusión están muy claras. Se hallan arraigadas en el “yo”, que está deseando constantemente expandirse mediante la posesión, mediante el devenir, el éxito, la imitación; y los síntomas son los celos, la envidia, la codicia, el temor. En tanto exista esta confusión interna, estarás siempre buscando respuestas externas; pero cuando la confusión interna se haya aclarado, entonces conocerás el significado de la vida.

EL ARTE DE VIVIR
J. Krishnamurti

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