EL QUINTO ESPEJO: REFLEJOS DE NUESTROS MAYORES ACTOS DE COMPASIÓN- Gregg Braden

“Muéstrame la piedra que los constructores han rechazado. Esa será la piedra angular. “

Evangelio de Tomás

A finales de los ochenta, mi oficina se encontraba en un edificio enorme de varios pisos al pie de las colinas de Denver. A pesar de que la construcción era gigantesca, el final de la Guerra Fría y los recortes en los gastos del gobierno hicieron que la compañía en donde trabajaba redujera su personal y se consolidara. Cuando otras divisiones de la compañía se trasladaron a nuestras oficinas, el espacio era muy apreciado. Yo compartía mi oficina con otro empleado: una mujer que desempeñaba una función muy distinta a la mía en el mismo departamento. No había competencia ni compartíamos ninguna responsabilidad, y pronto nos hicimos buenos amigos, intercambiábamos historias de nuestros fines de semana con la familia, los amigos y las alegrías y las tristezas de la vida fuera de la compañía.

Un día, acabábamos de regresar del almuerzo y ella escuchaba los mensajes de su correo de voz. Con el rabillo del ojo, la vi quedarse inmóvil y sentarse con la mirada perdida. Había palidecido, excepto por el maquillaje sobre sus labios y mejillas, se veía totalmente blanca.

Después de que colgó el teléfono, le di un momento para que ser recobrara y luego le pregunté qué había ocurrido. Me miró y comenzó a contarme una historia que me pareció triste y poderosa al mismo tiempo.

Una buena amiga de ella tenía una hija muy joven con una combinación muy envidiable de belleza, habilidades atléticas y talentos artísticos, todos los cuales ella había cultivado desde su tierna infancia. Al crecer, la chica buscó la forma de combinar todos sus atributos en una sola carrera y escogió ser modelo de pasarela. Su familia apoyó su decisión y la ayudó de todas las formas posibles para que su sueño se hiciera realidad. Mientras enseñaba su portafolio a las agencias de publicidad, descubrió que muchas respondían con entusiasmo.

Recibió ofertas de viajes, educación y más apoyo de lo que había imaginado. Para todas las personas externas a ella, su vida no podía ser mejor.

Sin embargo, en un nivel sutil, casi imperceptible, aquellos que la conocían realmente pudieron notar que algo estaba cambiando. Su entusiasmo se estaba convirtiendo en preocupación. Las agencias con las que estaba trabajando buscaban un cierto tipo de apariencia en las mujeres que deseaban promover. A pesar de que la belleza de esta jovencita era única, no era exactamente lo que las agencias buscaban a finales de los ochenta. Acosada por lo que tenía que llegar a hacer para obtener ese algo tan especial, la joven le pidió ayuda a su familia para realizar una serie de procedimientos cosméticos para modelar su cuerpo según lo que ella creía que la industria estaba buscando.

Comenzó con las mejoras más obvias, recortes aquí y rellenos allá. Cuando se acercó a su meta, seguía sin tener la “apariencia” y comenzó a hacerse operaciones más radicales.

Desde su infancia, había tenido una ligera sobremordida, la barbilla y la mandíbula estaban ligeramente desfasadas. Aceptó una reestructuración que consistía en deshacer y reconstruir su mandíbula para crear una mejor simetría. Su boca estuvo cerrada con alambres por seis semanas mientras sus huesos se sanaban y durante esa época solamente se alimentó de líquidos. Una vez que le retiraron los alambres, tenía un rostro simétrico con los pómulos acentuados y la sobremordida era cosa del pasado. Al mirar una fotografía que mi compañera de oficina tenía de la hija de su amiga, personalmente no pude ver gran diferencia entre las imágenes antes y después de la cirugía.

A causa de todo el peso perdido después de semanas en dieta líquida, esta hermosa mujer comenzó a notar que su cuerpo ya no tenía la forma en V de antes de la cirugía. La realidad era que debido a la perdida de peso, su torso había perdido el tono muscular que le había dado las proporciones de “modelo”. Sin embargo, su percepción era que se trataba de un problema que podía ser remediado por medio de una cirugía que retirara sus costillas inferiores “flotantes” con el fin de crear mayor definición y proporciones.

El estrés causado por todas estas operaciones puso su cuerpo en un colapso emocional.

Descubrió que no podía controlar el aumento o pérdida de una libra aquí y una allá. Su cuerpo estaba en el modo de “perder peso” y lo estaba perdiendo día a día. Para cuando sus padres se dieron cuenta de lo que le estaba ocurriendo y la hospitalizaron, era demasiado tarde: atribuido a una serie de complicaciones, (no a una sola), la amiga de mi colega acababa de morir esa mañana. Ese fue el mensaje telefónico que ella había recibido después del almuerzo.

Puede ser que usted conozca personas en un camino similar, aunque espero que menos extremo. Uso este ejemplo para enfatizar un punto. La joven de la historia tenía una imagen de perfección en su mente. Y esta imagen se convirtió en su medida estándar de comparación. Se veía constantemente a la sombra de ese punto de referencia, usando su imagen mental como medida de comparación para su apariencia física. Sus creencias decían que ella era imperfecta como era, y que sus “imperfecciones” podían arreglarse por medio del milagro de la tecnología moderna. Sin embargo, lo que le ocurrió a esta mujer, va mucho más allá del procedimiento para arreglar sus supuestos defectos. Va directamente al corazón de este espejo.

¿Por qué la mujer sintió que dichos extremos eran necesarios para lograr el éxito? ¿Por qué su familia y amigos la apoyaron en su búsqueda de perfección? ¿Por qué esta joven, hermosa por su propio derecho, se sentía impulsada a convertirse en algo tan distinto a lo que era desde su nacimiento? ¿Qué miedo (o miedos) se volvió tan poderoso en su vida como para intentar cambiar su apariencia para conseguir la aprobación ajena? Quizá la mejor pregunta es: ¿Qué podemos aprender de su experiencia? ¿Qué usamos como nuestro criterio de comparación?

¿Cuál es el punto de referencia al que nos sujetamos cuando calibramos nuestros éxitos y fracasos en la vida?

LAS IMPERFECCIONES SON LA PERFECCIÓN

A menudo comparto esta historia en mis talleres. De inmediato, le pido a los participantes que realicen un pequeño cuadro en donde se evalúan en áreas tales como sus logros educativos, románticos, profesionales y atléticos. El sistema de calificación consiste en cuatro categorías que varían de “muy bueno” a “muy malo.” La clave es que les doy muy poco tiempo para responder los formularios. Y lo hago por una razón. La respuesta real sobre el papel es menos importante que el proceso mental para llegar a las respuestas.

Sin importar las respuestas, la realidad es que cualquier cosa menos que perfecto, es un juez participante juzgándolo a él o a ella. La única forma en que las personas pueden clasificarse como éxito o fracaso es comparándose con algo fuera de su experiencia.

Como todos sabemos, somos nuestros críticos más duros. Por esta razón, este espejo se nos muestra como nuestro acto de compasión mayor. Se trata de la compasión hacia nosotros mismos, hacia lo que somos y lo que nos hemos convertido.

Es a través del espejo de nosotros mismos que nos piden que aceptemos con compasión la perfección que ya existe en cada momento de la vida. Esto es cierto sin importar lo que los demás ven en ese momento o cómo resulte. Mientras le adjudiquemos una importancia de nuestra propia invención al resultado, toda experiencia es sencillamente una oportunidad de expresarnos… nada más ni nada menos.

¿Cómo sería de distinta su vida si permitiera que todo lo que hace fuera perfecto tal como es, sin importar como resulten las cosas? Si hacemos y creamos todo al máximo de nuestras capacidades, entonces a menos que lo comparemos con algo distinto, ¿cómo pude ser menos que grandioso? Si un proyecto profesional, una relación, una tarea escolar no resulta como lo esperábamos, podemos siempre aprender de nuestras experiencias y hacer las cosas de forma distinta la siguiente vez. En la Matriz Divina, es como nos sentimos respecto a nosotros mismos, nuestro desempeño, apariencia y logros, lo que se refleja de regreso en la realidad de nuestro mundo. Con esto en mente, la sanación más profunda de nuestras vidas también se puede convertir en nuestro mayor acto de compasión. Es el cariño que nos damos a nosotros mismos.

MÁS ALLÁ DE LOS ESPEJOS

Aunque ciertamente hay otros espejos que nos muestran secretos todavía más sutiles de nuestra verdadera naturaleza, los que acabo de describir aquí son los cinco espejos que nos permiten la mayor sanación en las relaciones de la vida. En este proceso, descubrimos nuestro poder más verdadero como creadores en la Matriz Divina. Cada espejo es un peldaño hacia un nivel mayor de dominio personal. Una vez que los conoce, ya no puede “desconocerlos”. Una vez que los ha visto recrearse en su vida, no puede “dejar de verlos”.

Cada vez que usted reconoce uno de los espejos en un lugar particular de su vida, hay muy buenas posibilidades que descubra el mismo patrón que también se está manifestando en otras áreas.

Por ejemplo, los asuntos respecto a tener el control que causan fuertes emociones con su familia en el hogar, pueden surgir con menor intensidad cuando está tratando de conseguir el mejor precio mientras le compra un automóvil usado a un extraño. La razón por la cual usted es más moderado es porque probablemente no tiene el mismo nivel de intimidad con el vendedor que con su familia y amigos. Aunque los patrones son menos intensos, siguen ahí. Y esta es la belleza del patrón holográfico de la conciencia. La resolución que usted encuentra en su relación con el vendedor de autos, el cajero del supermercado, o el mesero que le sirve un plato de comida quemada en su restaurante favorito, se destila en sus relaciones en el hogar. Así debe ser, ya que es la naturaleza intrínseca del holograma. Una vez que un patrón cambia en un lugar, todas las relaciones que comparten el mismo patrón se benefician.

Los cambios a veces nos llegan cuando menos los esperamos. Si no lo hicieran, quizá jamás nos levantaríamos en la mañana y diríamos: “Hoy pienso enfrentar las relaciones que me muestran los espejos más fuertes de mis juicios más profundos.” ¡Parece ser que no es así que funcionamos! Más bien, nuestras oportunidades de sanar a través de nuestros espejos, a menudo surgen cuando vamos de camino a recoger el correo en el buzón o a ponerle aire a las llantas de nuestro auto.

No hace mucho, conocí a un amigo que acababa de renunciar a su carrera, familia, amigos y una relación en otro estado, para mudarse al desierto del norte de Nuevo Mexico. Le pregunté por qué había dejado tanto tras de sí para vivir aislado en el alto desierto.

Comenzó a decirme que había venido a encontrar su “sendero espiritual.” Sin embargo, casi sin tomar aliento, me dijo que no había sido capaz de empezar porque nada parecía salir bien. Estaba teniendo problemas con su familia, con sus planes de negocios e incluso con los trabajadores que le estaban ayudando a construir su nuevo hogar “espiritual”. Su frustración era obvia. Al escuchar su historia, le ofrecí una perspectiva que podría ayudarlo.

Desde mi punto de vista, somos incapaces de llevar una vida que no sea espiritual. Para decirlo con otras palabras, siendo seres espirituales, solos podemos vivir experiencias espirituales. Sin importar lo que parezca, creo que toda conducta en nuestros senderos nos lleva al mismo lugar. Desde esas creencias, las actividades de todos los días no pueden separarse de nuestra evolución espiritual: ¡SON nuestra evolución espiritual!

Le sugerí a mi amigo que quizá todos esos retos que estaban ocurriendo en su vida en ese momento eran su sendero espiritual. Aunque esta no era obviamente la respuesta que él esperaba, sintió curiosidad respecto a lo que eso significaba. Él se había hecho a la idea de que su espiritualidad sería lograda viviendo en soledad y en calmada contemplación cada día.

Le aclaré mis creencias, sugiriendo que aunque todas esas cosas pueden llegar a ser parte de su vida, la forma en que resolvía cada uno de los retos que estaba enfrentando, podría ser precisamente el sendero que él había venido a explorar. Me miró de reojo y con una apariencia de sorpresa en su rostro se despidió de mí diciendo: “¡Tal vez así es!”

Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.

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