20 claves para crear la realidad


Aquí vemos las claves que encapsulan las partes más destacadas de este libro La Matriz Divina por Gregg Braden.

Individualmente, son interesantes. Colectivamente, nos cuentan una historia —nuestra historia— nos recuerdan nuestro poder para crear. Las claves pueden ser consideradas como el software que la computadora de nuestra conciencia usa para crear la realidad…, nuestro código para el cambio. Y con cualquier código, las claves están en una secuencia por una razón. En palabras sencillas, así como debemos tener todos los ingredientes antes de comenzar a hornear un pastel, nuestras claves para crear la realidad funcionan solamente si cada paso del proceso es comprendido y está disponible para todos nosotros cuando lo necesitemos. Cuando pienso en comprender estas claves, recuerdo una poderosa secuencia de sabiduría descrita en el misterioso tercer libro de la Kabbalah, el Sepher Yetzirah. En esta instrucción, que describe paso a paso cómo fue creado el universo, el autor anónimo del libro invita al lector a considerar cada paso de la creación a la vez. Al hacerlo, el lector le ofrece a cada uno la consideración desde su propio lugar de poder.

“Examínalas, / y compruébalas,” dice el texto respecto a las instrucciones antiguas. “Haz que cada una de ellas destaque su esencia.”

De igual forma, lo invito a considerar la siguiente secuencia de claves de forma individual.

Permita que cada una sea digna de ser un agente poderoso de cambio. Trabaje con cada una hasta que tenga sentido para usted. Juntos, estos pasos pueden convertirse en su código para cambiar al mundo y a usted.

20 CLAVES PARA LA CREACIÓN CONSCIENTE

Clave 1: La Matriz Divina es el contenedor que sostiene el universo, el puente entre todas las cosas y el espejo que nos muestra lo que hemos creado.

Clave 2: En nuestro mundo, todo está conectado con todo lo demás.

Clave 3: Para tener acceso a la fuerza del universo mismo, debemos vernos como parte del mundo en vez de separados de él.

Clave 4: Una vez que algo se ha unido queda conectado para siempre, ya sea que permanezca o no unido físicamente.

Clave 5: El acto de enfocar nuestra conciencia es un acto de creación. ¡La conciencia crea!

Clave 6: ¡Tenemos todo el poder necesario para crear todos los cambios que deseemos!

Clave 7: El enfoque de nuestra conciencia se convierte en la realidad de nuestro mundo.

Clave 8: ¡No es suficiente simplemente decir que escogemos una nueva realidad!

Clave 9: El sentimiento es el lenguaje que le “habla” a la Matriz Divina. Sentir que su meta ya ha sido lograda y que su oración ya ha sido respondida.

Clave 10: No se trata de cualquier sentimiento. Para que podamos crear, los sentimientos deben ser carentes de ego y juicio.

Clave 11: Debemos convertimos en nuestras vidas, en las cosas que optamos por experimentar como nuestro mundo.

Clave 12: No estamos sujetos a las leyes de la física como la conocemos hoy en día.

Clave 13: En un “objeto” holográfico, cualquier pieza del objeto refleja el todo.

Clave 14: El holograma de la conciencia conectado umversalmente nos promete que en el instante en que creamos nuestros buenos deseos y oraciones, ya han sido recibidos en su destino.

Clave 15: A través del holograma de la conciencia, un pequeño cambio en nuestras vidas se refleja en todas partes en nuestro mundo.

Clave 16: El mínimo número de personas requerido para “poner en marcha” un cambio en la conciencia es la Raíz Cuadrada del 1% de una población.

Clave 17: La Matriz Divina sirve en nuestro mundo como reflejo de las relaciones que creamos con nuestras creencias.

Clave 18: La raíz de nuestras experiencias “negativas” puede reducirse a uno de los tres miedos universales (o a una combinación de ellos): abandono, baja autoestima o falta de confianza.

Clave 19: Nuestras verdaderas creencias se reflejan en nuestras relaciones más íntimas.

Clave 20: Debemos convertirnos en nuestras vidas en las mismas cosas que optamos por experimentar en nuestro mundo.

Casi de forma universal, compartimos el sentimiento de que hay algo más allá de lo que pueden ver nuestros ojos. En algún lugar muy profundo de la niebla de nuestra memoria antigua, sabemos que tenemos poderes mágicos y milagrosos en nuestro interior. Desde la infancia, fantaseamos con nuestra habilidad de hacer cosas que están más allá del dominio de la razón y la lógica. Y, ¿por qué no? Mientras somos niños, no hemos “aprendido” aún las reglas que dicen que los milagros no pueden ocurrir en nuestras vidas.

Todo a nuestro alrededor nos recuerda nuestro milagroso potencial. En la Primera Parte, sugerí que las “anomalías” de las partículas cuánticas podrían ser algo más que una conducta “extraña” y “espeluznante”. Preguntaba si la libertad que tienen estas partículas de moverse en el espacio y el tiempo realmente están mostrándonos una libertad que puede ser posible en nuestras vidas. Intencionalmente, he esperado hasta ahora para responder a esa pregunta. Siguiendo todos los experimentos y las investigaciones, así como por medio de la demostración de aquellos que han trascendido los límites de sus propias creencias, creo que la respuesta es afirmativa.

Si las partículas que nos constituyen pueden estar en comunicación instantánea mutua, existir en dos lugares a la vez, vivir en el pasado así como en el futuro, e incluso cambiar la historia a través de decisiones tomadas en el presente, también nosotros podemos. La única diferencia entre esas partículas aisladas y nosotros, es que nosotros estamos compuestos de muchas de ellas unidas por el poder de la conciencia misma.

Los antiguos místicos nos han recordado en nuestros corazones, y los experimentos modernos lo han comprobado en nuestras mentes, que la fuerza más poderosa en el universo reside en el interior de nosotros mismos. Y ese es el gran secreto de la creación misma: el poder de crear en el mundo lo que imaginamos con nuestras creencias. Aunque puede sonar demasiado simple para ser cierto, creo que el universo funciona precisamente de esta manera.

Cuando el poeta sufi Rumi observó que tememos nuestra propia inmortalidad, quizá lo que quiso decir fue que en verdad lo que tememos es el poder de escoger nuestra propia inmortalidad.

Al igual que los iniciados de Christopher Logue en la Introducción descubrieron que lo único que necesitaban era un empujón para que volaran, quizá todos requerimos de un pequeño giro para ver que somos los arquitectos de nuestro mundo y de nuestro destino, artistas cósmicos expresando nuestras creencias internas en el lienzo del universo. Si podemos recordar que somos la obra de arte así como el artista, entonces quizá también recordaremos que somos la semilla del milagro y somos el milagro mismo. Si podemos hacer ese pequeño giro, entonces ya hemos sido sanados en la Matriz Divina.

Sigue caminando, aunque no haya lugar donde llegar. No intentes ver a través de la distancia. Eso no es para los seres humanos. Muévete en tu interior, pero no te muevas de la forma en que el miedo te hace mover.

Rumi

Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.

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