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La Ley, Dios, es sonido, melodía, es la armonía universal, Dios.


Tanto las constelaciones como los minerales, las flores, las hierbas y los animales, o sea, todas las formas de vida, son consciencia. Por lo tanto, todo lo que existe es consciencia.

La consciencia es melodía. Conforme al nivel de consciencia así es también el sonido de cada forma de vida.

La existencia pura, el universo espiritual, es la plenitud.

Los seres espirituales puros viven en la plenitud; no buscan ni posesiones ni riquezas, ellos poseen todo lo que Dios ha creado.

Todo lo que es puro vive en la plenitud.

La esencia de toda existencia está activa en el ser espiritual. De ahí saca su fuerza, su vida. Por tanto vive dentro y con Dios, la plenitud.

Todo es sonido, todo es sinfonía

El universo espiritual es semejante a una orquesta, que es llamada armonía universal, Dios. Un número infinito de niveles y ámbitos de consciencia se unen en un solo sonido, que es llamado la armonía universal.

Así, la armonía universal es la música de las esferas de los Cielos.

Cada forma de vida tiene su sonido, esto significa, cada forma de consciencia es una pequeña sinfonía dentro de la armonía universal, que es sonido, sinfonía y orquesta al mismo tiempo.

Todo es vibración, y cada vibración tiene su tono.

También el alma y el cuerpo físico, el hombre, son cuerpos de sonido vibrantes, que vibran y suenan conforme al nivel de consciencia desarrollado.

El hombre y su alma tienen un sonido que corresponde a la carga del alma y a los hábitos del hombre.

El hombre está rodeado o bien de disonancias o bien de sonidos armoniosos, según como sea su manera de pensar y actuar. El es la melodía que al fin y al cabo toca él mismo en sus sentimientos, pensamientos, palabras y obras.

Los aspectos de la consciencia en el hombre son por tanto sonido. Todo vibra y suena, y aunque no sea audible para el oído humano, es sin embargo visible.

De qué manera vibra cada hombre, lo demuestra él mismo. Se ve cómo es en cada gesto, pensamiento, comportamiento y actuación. Todo se conjunta en una composición sonora.

Cada movimiento, con qué se alimenta y cómo come da testimonio de lo que vibra y suena en él.

El hombre puede representar tanto las sinfonías de lo divino, si piensa y vive según lo divino, como las disonancias del mundo, si vive orientado hacia el mundo y su forma de pensar, sentir y querer están atados a lo terrenal.

Estracto de: Lo que piensas y hablas, tu forma de comer y lo que comes, muestra quién eres.

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